domingo, 15 de junio de 2008

Oscurecia en la alta montaña; los visitantes, se fueron retirando en direccion al albergue. Era un delicioso grupo de gente joven; bullanguera en sus risas y en sus voces, al comentar las cosas acaecidas.

Por detras de ellos, una sombra de gran tamaño, se cruzo por el camino. Fue solo un instante, solo el paso de la Luna, de una nube a otra.

Llegaron al cruce de caminos, y observaron que el indicador de la ruta, estaba caido en el suelo, sin palabras que mostraran la direccion a seguir.

Todos a la vez, daban una ruta segura para llegar al albergue. Cada uno tenia la suya propia y de los cuatro caminos a elegir, salian cientos de ellos.

Decidieron hacerse grupos y avanzar un espacio de tiempo, para despues regresar y contar lo encontrado.

Despues de media hora de experimento, falto un grupo a la cita.

En la lejania, se sintio un grito de terror, que inundo el valle y dejo aterrados al resto de los muchachos. La noche cerrada, hizo acto de presencia solo iluminando el panorama, el claro oscuro de la Luna a traves de las nubes. Una nube revolotosa, en su juego, dejo de caer su carga de agua, dando brillo a las hojas de las plantas.

Alguna niña, ya histerica, comenzo con su propia lluvia de lagrimas.

Nuevamente se vio a la sombra, que se movia entre el monte en direccion a los muchachos.

Avanzaba rapida pero con preacauciones; algo llevaba entre sus negras manos.

Apenas cien metros los separaba; los jovenes en un descuido de la Luna, se percibieron de lo que les llegaba del monte...

Todos a una gritaron,...¡¡¡ nooooooo!!!.

Una caja de Coca Cola y una botella de ron, fue la respuesta, a tan unanime y tan fuerte negacion.

Aprendiendo de Liliana Varela.

Emilio.

miércoles, 4 de junio de 2008

El Sobre

Lo había encontrado en el bar hacia una semana que le había visto muy bien vestido y un semblante muy especial para nada se parecía a ese hombre lleno de vida y que provocaba cierta envidia…

Salí temprano ese día como todos los demás llegue a la esquina del kiosco donde compro mis cigarrillos y las pastillas nada especial a no ser por la extraña mirada de la mujer del kiosco — tome Osvaldo ahí tiene dijo con una voz algo seca, paso su mano huesuda a través de la ventana del habitáculo de golosinas y diarios…

Llegue a la oficina sin contratiempo lo habitual Margarita y la pelea con la niña en practica… no se porque, a lo mejor pensaba Margarita que perdería el puesto… para nada ella es una profesional muy eficiente seria algún problema familiar de seguro y la chica se llevaba toda esa carga de tonterías…

El correo certificado por estos días es raro… por decirlo menos, pero sobre el escritorio estaba un sobre de mediano porte con mi nombre. Debo decir, me sorprendió llame a Margarita y aproveche de beber una taza de café con ella — ¿y esto de que se trata?, no tiene ningún nombre el remitente, no lo se llego esta mañana el importe estaba pagado y solo tuve que firmar, eso fue todo lo que le dije a Margarita después ella y yo bebimos café, café negro el favorito mió, no se si, de Margarita, ni tampoco del viejo Ernesto, que trabajaba medio día con nosotros, la conversación y el café se acabo en las tazas y margarita volvió a su puesto…

Dude un momento, tome el sobre, trate de saber que contenía mirándolo a contra luz, aprovechando el sol que iluminaba toda la oficina, fue imposible saber su contenido, quien lo había enviado sabia perfectamente que posiblemente lo observaría de esa forma, tome corta cartas…

Los entupidos pensamientos, pasaban extraño en mi cabeza, mientras la hoja del corta cartas abría el sobre sin remitente… y mi pensamiento se iban disipando, en el interior habían varias fotos, las mire detenidamente pero no lograba recordarlas…

—Alo ¿eres tú? si como no aquí lo tengo así que tú las enviaste el hombre se notaba feliz mientras el reloj marcaba las dos de la tarde en punto — estaré allí en una media hora iremos a algún lugar hace bastante que no nos vemos dijo con un sesgo de entusiasmo…

Llegue a la puerta de la iglesia como habíamos acordado, por una extraña situación climática el sol iluminador en 10 minutos fue perdiendo su luminosidad y varias nubes grumosas taparon la soleada tarde la gente entraba y salía de la antigua iglesia en ese minuto una carroza fúnebre se introducía por la entrada de vehículos mire despreocupadamente antes que se perdiera de mi vista y vi a quien buscaba conducía la fúnebre carroza de inmediato fui al interior de la iglesia…

Llegue al sombrío pasillo de velatorios varias habitaciones pequeñas donde cabían el féretro y dos bancas a cada lado del ataúd para los parientes más cercanos, solamente dos estaban en esa condición…

Me introduje en el primero de ellos el féretro estaba allí me produjo una sensación extraña mientras las personas que allí se encontraban sufrían, sufrían enormemente los conductores de la carroza no estaban y por la situación que ocurría no me dieron ganas de preguntar en la otra habitación la situación no cambio el chófer de la carroza no estaba regrese a las afueras de la iglesia y no se que me sucedió así que decidí entrar en el interior había bastante gente, me senté en una de las bancas y…

Sabes me dijo mirándome a los ojos y con su semblante aun mas perturbando estaba allí, allí no imaginaba en realidad y bebió algo más de la copa estaba presenciando el funeral del hombre del sobre que me había llegado esa mañana…

sábado, 29 de marzo de 2008

La madre de Sophi.


Una gran puerta de madera de color caoba, posiblemente construida con esa carisima madera, daba paso al gran salón que otrora serviría para el deleite de la danza. Una mesa camilla, un sillón de orejas, varias sillas, un gran reloj de péndulo y pesas, además de un gato negro, componian el paisaje de la antes barroca estancia.
Una cabeza de plateados cabellos, se adivinaba mas que se veía, recostada sobre una oreja del sillón.
De algún lugar impensado, llegaba el sonido del tango Caminito,...¡ desde que se fueeee, triste vivooo yooo, caminito amigooo, yo también me voy,...!.
Se oyó un suspiro de la persona que ocupaba el sillón. En ese momento, el reloj dejo salir su melodía anunciando en su canto, que era el momento de cambiar de día.
El negrisimo gato, se incorporó y se estiró todo lo largo que era, para después, volver a su postura primitiva.
Todo respiraba tranquilidad, todo era serenidad,... ¿ todo ?...
Cuando con paso dudoso y temiendo algo, Sophi, se acerco al sillón a dar su beso de buenas noches a su madre..., ¡ que horror...!, fue su unica expresión, antes de caer muerta al suelo.

Emilio.

lunes, 17 de marzo de 2008

Volver atrás- Rosa Espinosa


Las escaleras conforme subía, hacían denotar la poca preocupación por la limpieza de esa pequeña casa, las cortinas sucias, el baño mal oliente y el olor a encierro generaban en el ambiente un hedor insufrible, era tarde y las pocas pertenencias reflejaban pobreza.
Los gatos al notar su presencia corrieron a refugiarse.

.- Hay alguien en casa?.- preguntó con casi un murmullo, sin recibir respuesta.

Lentamente, un poco vacilante, el hombre daba cada paso como si temiera despertar a alguien…, de pronto se encontró frente a una puerta arañada, golpeando bajo, nuevamente sin respuesta, su seño se frunció en una interrogante.

- qué le habrá pasado?.-, se preguntó.

Abrió la puerta y se encontró con una anciana durmiendo placidamente en una pequeña cama, era su madre a quien no veía hace algunas semanas, se acercó he intentó despertarla de su sueño, pero a los pocos instantes notó con horror que no respondía, yacía muerta, la sacudió con fuerzas y un gato salió de entre las ropas con el hocico ensangrentado, al destaparla miró algo que jamás se esperó, el maldito gato le había comido la mitad de la mano, comenzó a llorar, .- porqué!!!??.- gritaba y lloraba, ya era tarde…

No podía entender el tiempo que dejó pasar antes de visitarla, las reuniones, las invitaciones, las mujeres, los amigos, todo fue una justificación para no verla, pero era tan simple, ahora la veía ahí, inerte, tan frágil, tan abandonada, tan sola, solo con la compañía de sus gatos, esos malditos gatos, vieja, sin vida y sin una palabra de perdón por su culpable descuido, ya era tarde, para llorar…demasiado tarde…

lunes, 10 de marzo de 2008

Las brujas van de marcha.


Ingredientes: Aguardiente, azúcar blanco fino, cortezas de limón y algunos granos de café
Preparación: En un recipiente de barro cocido de vierte el aguardiente y el azúcar, en la proporción de 120 gramos por cada litro de líquido. Se añaden mondaduras de limón y los granos de café. Se remueve y se le planta fuego, con un cazo en el que previamente habremos colocado un poco de azúcar con aguardiente. Muy despacio, se acerca al recipiente hasta que el fuego pase de uno a otro. Se remueve hasta que el azúcar se consuma. En el mismo cazo se echa un poco de azúcar, esta vez seco, y colocándolo sobre la queimada se mueve hasta convertirlo en almíbar, que se vierte sobre las llamas y, removiéndolo, esperamos a que las llamas tengan un color azulado.
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Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas. Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras. Pobres canhotas furadas, fogar dos vermes e alimanhas. Lume das Santas Companhas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios. Oubeo do can, pregon da morte, foucinho do satiro e pe do coello. Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello. Averno de Satan e Belcebu, lume dos cadavres ardentes, corpos mutilados dos indecentes, peidos dos infernales cus, muxido da mar embravescida. Barriga inutil da muller solteira, falar dos gatos que andan a xaneira, guedella porra da cabra mal parida. Con este fol levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno, e fuxiran as bruxas acabalo das sas escobas, indose bañar na praia das areas gordas. ¡Oide, oide! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse no agoardente, quedando asi purificadas. E cando este brebaxe baixe polas nosas gorxas, quedaremos libres dos males da nosa ialma e de todo embruxamento. Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada: si e verdade que tendes mais poder que a humana xente, eiqui e agora, facede cos espritos dos amigos que estan fora, participen con nos desta queimada.

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Buhos, lechuzas, sapos y brujas. Demonios maléficos y diablos, espíritus de las nevadas vegas. Cuervos, salamandras y meigas, hechizos de las curanderas. Podridas cañas agujereadas, hogar de gusanos y de alimañas. Fuego de las almas en pena, mal de ojo, negros hechizos, olor de los muertos, truenos y rayos. Ladrido del perro, anuncio de la muerte; hocico del sátiro y pie del conejo. Pecadora lengua de la mala mujer casada con un hombre viejo. Infierno de Satán y Belcebú, fuego de los cadáveres en llamas, cuerpos mutilados de los indecentes, pedos de los infernales culos, mugido de la mar embravecida. Vientre inútil de la mujer soltera, maullar de los gatos en celo, pelo malo y sucio de la cabra mal parida. Con este cazo levantaré las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, y huirán las brujas a caballo de sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas. ¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden dejar de quemarse en el aguardiente quedando así purificadas. Y cuando este brebaje baje por nuestras gargantas, quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento. Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, a vosotros hago esta llamada: si es verdad que tenéis más poder que la humana gente, aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera, participen con nosotros de esta queimada.

jueves, 6 de marzo de 2008

La Señora de la Muerte.


La Señora de los Muertos,
ha salido al escenario
y va enseñando el muestrario
que me parece siniestro
pues de muertos hechos polvos
-que no de los polvos hechos-
quiere tener polvos nuestros.
Apunte usted pa otro lado
- señora de la guadaña-
que a nuestros cuerpos no apañan
ese trio que ha formado
...quedese para mañana.
Emilio.

lunes, 3 de marzo de 2008

El Patio de mi Casa. Doña Adela.

El grito procedia del piso superior. Muy extraño pues la ultima moradora de el, fue Doña Adela; una señora que llego de Argentina en la epoca en la cual, alli llevaba las riendas del poder el general Peron, y que su amadisima esposa, Evita, matase el hambre de los argentinos pobres. Esto al menos, es lo que se hacia llegar al resto del mundo.

Tendria esta señora que cumplir los noventa años, cuando fallecio. En aquella vivienda, vegeto sobre los quince años. El general de esta casa, ya la conocio siendo muy mayor, aunque parecia que los años no pasaban por ella. Realmente, es que ya no tenia nada que deteriorar.

Era una autentica pasita. Un alza en una bota ortopedica, la hacia caminar algo mas derecha, pero por el peso a transportar, arrastraba el pie calzado.

Usaba siempre un velo muy negro que cubria su cabeza, como si se dispusiese a cumplir sus obligaciones religiosas a todas horas, ya que nunca se desprendia de el. Su pelo plateado, se veia a traves del velo y dejaba constancia de una hermosura pasada.

En su juventud, debio de ser muy alta, aun en su encorbado cuerpo, quedaban los cimientos de lo que fue y ya no era. Su acento suave, melodioso, educado y cortes, hacia que le gustase al general su compañia, todo ello, sazonado con los caramelos que amablemente le daba Doña Adela.

Alli, es donde el general, se aficiono a la musica. Tenia la señora un piano. Un piano pequeño, que adosado a una pared del salon, acumulaba multitud de fotografias y un quinque de petroleo para los abundantes cortes de luz de la epoca.

Con el, daba conciertos de audicion obligatoria al resto de los vecinos, una vez con algun tango golpeado o con algun pasodoble arrastrado otras veces.

Cuando empezaba a sonar el piano, la madre del general, enviaba a este a casa de la pianista a pedirle que le enseñara fotografias, y asi se acaba el molesto concierto.

Tenia doña Adela dos aparatos muy curiosos. Uno de ellos, consistia en una especie de anteojos, delante del cual, se ponia una postal dividida en la mitad y con el mismo tema. Se veia una sola y muy ampliada y bonita. El otro aparato, era un tubo que mirando por un extremo, se veian muchas luces de colores que giraban al moverlo.

Seguro que lo que el general veia alli, era Buenos Aires, mas el, no lo supo nunca.

Todos los meses, llegaba el cartero y por correo certificado, la pagaba un dinero, que nunca nadie supo su procencia, aunque el general, si se beneficio de el, a cambio de hacer recados a su ya anciana amiga.

Si misteriosa fue su llegada y su vida, cuando fallecio, todo acabo en un momento. Un hombre que dijo ser su sobrino, retiro el cadaver y en cuestion de horas, la vivienda quedo vacia y dispuesta para recibir a otro inquilino.

Enfrente de la puerta de entrada a la vivienda de la difunta, vivia la estanquera de la Plaza Mayor. Una señora que procedia de Valencia, ella lo decia, y que era la dueña de Neron, padre de la Pelos.

Una noche de fuerte tormenta, solo dos dias habian pasado de la muerte de doña Adela, cuando un grito terrible inundo la casa. Todos los vecinos salieron al patio y vieron a la estanquera que con su dedo indice, señalaba la vivienda de la difunta doña Adela, mientras en un aporreado piano sonaba aquello de : Mi Buenos Aireeees queriiiidooo, cuando yo te vuelva a veeer, no habra mas penas, ni olviiidooooos.

Emilio.

domingo, 2 de marzo de 2008

Lo Anagógico-Liliana Varela



Aquella mañana sus manos sangraban como las llagas de nuestro señor Jesucristo y él era un elegido, una señal en este mundo incrédulo y agnóstico que no quiere siquiera esforzarse en probar la veracidad de la existencia del creador.
Creía como creen los fieles. Como debería de creer el hijo al padre, con idolatría, con adoración.
Así él creía en Dios, en su palabra, en su misticismo, en sus milagros desparramados por doquier en el mundo.
Ella no podía ver en él los misterios revelados del Padre, decía esforzarse pero él no le creía; no podía entender cómo su par, su pareja en esta vida no llegaba a presenciar los milagros de Dios en su persona.
Intentaba explicarle, mostrarle la sangre fluyendo de las marcas del hijo de Dios pero ella decía no ver nada, como si ello fuera posible.
Uno tras otro los estigmas aparecían en su cuerpo, en su entorno y ella seguía sin notar las pruebas que el señor enviaba.
Él comenzó a dudar de su amada ¿acaso estaría poseída por el demonio? ¿ella misma era una prueba más para su inquebrantable fe?
Debía hacer algo Dios así lo esperaba y él no defraudaría al Señor.
La miró dulcemente; ella con algo de temor se entregó a la caricia que los dedos de él hicieron sobre sus ojos mientras le decía que la Biblia era la guía que debían seguir, mientras le recordaba cuánto la amaba.
“Si tus ojos te ofenden, arráncatelos” cita Dios –exclamó.
Luego todo fue oscuridad y gritos.


http://lilianavarela.blogspot.com

miércoles, 20 de febrero de 2008

El patio y el corral de mi casa.

Al lado izquierdo de la entrada a la cueva, había un pasillo, de unos diez metros de largo y un metro de ancho. Estaba sombreado por una parra de la variedad “teta de vaca”; esa de las uvas gordas y casi moradas.Era este pasillo el elemento de unión de una vivienda interior- la de el Sr. Galo-, y a un gran espacio abierto al sol y al agua que era el corral de la casa. Una puerta de madera con su gatera obligada, evitaba que las gallinas se escapasen al patio o la calle, como alguna vez ocurrió y yo no fui el culpable…creo.El corral, tenia a su alrededor una serie de pequeñas habitaciones, mas bien cuadras; al fondo a la izquierda, estaban el retrete y el basurero, piezas comunes para todos los vecinos. En esa época, no existía la recogida de basuras diarias ni tampoco el alcantarillado que llego cuando el general, dejo sus batallas.En el lado derecho, había un pozo con agua, que se usaba de fresquera,para hacer mas apetecibles las frutas propias del verano.Todos los componentes tenían en sus cuadritas sus propios animales, que sacaban adelante con los restos- pocos- de comida. Las mondas de las patatas mezcladas con salvado o molluelo, eran junto con el Sol y el mucho ejercicio que hacían con nuestras carreras, su mejor alimento.Normalmente el campo de nuestras batallas, era el patio.El gran manzano que presidía su centro, daba sombra en la canícula a mis abuelos y tías que oyendo el Ama Rosa, con alguna lagrima escapada, repasaban calcetines o ponían piezas a una imposible sabana.Después de la siesta, quedaba ocupado el patio por las tropas atacantes llenándolo de parapetos de sillas y de cajas de cartón que mi tío el sastre- que dios guarde-,nos llevaba para estos menesteres.
Un día, ante un aprieto estomacal de todas mis hueste, provocado por tomar unos caramelos raros que a cambio de trapos viejos y recortes de la sastrería, el trapero nos dio, hicimos una larga fila ante el servicio común.El servicio, consistía en una tabla con agujero proporcionado al tamaño del sálvese la parte, con su tapa. Un gancho en la pared, recogía trozos del ABC, que leías días después y por diferente lugar. Lo expulsado, caía al basurero. Las gallinas de antes eran muy apañaditas y no le hacían ascos a nada.. A cambio, te daban unos huevos…eso, de los de antes.Como el servicio era unipersonal y la urgencia grande, la tropa, eso si disciplinadamente, se repartió en el basurero para aliviar sus doloridas tripitas.¿Sabéis lo que ocurre, cuando alguien expone sus partes pudendasa la curiosidad de las gallinas?. Ya lo sabéis.Nuevos llantos; los culitos al rojo vivo, indicaban que habíamos perdido una nueva batalla..Nuevamente el general, tuvo que dar la cara y además, le fue requisada la mercancía, que tanto trabajo costó conseguir.
Pasados unos días, le toco al general ir al pozo a sacar su sandia, tirando de la cuerda que sujetaba su cubo.
Una batalla ganada. La venganza en frió, es mas placentera.Nunca se supo por que se desataron las cuerdas de los cubos restantes, cayendo al pozo.Ese día los vecinos hicieron penitencia sin postre, a favor de los negritos de África que era la letanía de aquellos momentos.Una voz potente, muy potente…la de mi padre:
¡¡Emilioooooo, ven aquí!!!

En mi casa, habia una cueva...lóbrega y oscura...

En la casa donde trascurrio mi niñez y mi juventud, habia una cueva.
En la casa, propidad de mis abuelos, vivian sus tres hijas y sus correspondientes nietos. De la hija mayor, - mi tia- tenia yo cuatro primos. Todos eran mas pequeños que yo. Mi madre, - era la de enmedio en edad-, dio a luz dos niñas y un cabezon. La hija menor,- mi otra tia-, tenia dos varones y un marido militar...pero militar..., militar. En otra vivienda de la misma casa, vivia una señora que tenia un estanco en la plaza mayor. Esta señora, tenia dos hijos y un par de ...para haber tenido a toda la Legion Extranjera. A su marido le decian, cuernos de oro. Era un señor muy bajito y realmente feo.
Bien todo esto viene al caso de mostrar, que en mi casa habia una tropa de niños, que yo era el jefe y que ademas habia una cueva. Con estos ingredientes y si me hubiesen conocido de pequeño, lo de Troya, una mano al mus.
Habia un patio central en la casa; en el centro un enome manzano; las viviendas bajas, daban sus entradas al patio y las viviendas superiores, tenian miradores corridos al mismo.
Un dia mis abuelos, fallecieron; se llevaron poco tiempo...unos meses. Yo los vi a los dos muertos. No me asustaron esas imagenes. Tendria yo..., sobre los ocho añitos. Mi mente empezo a fabular para ver que hacia con todos los ingredientes. Una tarde, despues del colegio, nos juntamos todos los crios en el patio, para tomar la merienda de pan con chocolate y jugar. La cueva, normalmente tenia un candado. Se usaba como frequera para las bebidas y algun alimento solido, tapado con un bol invertido de tela metalica muy fina. Bien, pues esa tarde el candado...¡ estaba abierto!...¡¡¡bien!!!. Armados de papeles de periodicos como antorchas y una caja de cerillas, nos introducimos por la escalera, muy comoda de bajar, pues tenia sus buenos escalones. Al terminar los escalones, habia una parte mas ancha y alli, forme mi ejercito para hacer la exploracion del Averno. Nos fuimos andando por el ramal de la derecha, cuando ya no se veia nada, encendimos las antorchas. Los mas pequeños, comenzaron a llorar; los papeles se fueron terminando. Habia mucho humo; yo, tambien empece a asustarme como un general derrotado. En completa oscuridad, retrocedimos llorando por el humo y por el miedo. Cuando llegamos al fin arriba...¡ que cuadro!... con que afán las madres besaban a sus hijos, ¡ que bofetones se llevo el general...! y por solo haber perdido una batalla. La guerra...continuo por mucho tiempo.
Emilio.

lunes, 28 de enero de 2008

La Mascota- Juan Pardo




Era un animalito peludo y gordinflón, parecía una especie de perro faldero.Tenía cierta mirada de gato tierno, cuando la niñita lo encontró lloriqueando junto al pantano, al otro lado de la línea
férrea, entre los juncos. Tenía unos pocos días de nacido.
Decidió traerlo a casa sin preguntar a nuestros padres. En todo caso, eso era un simple detalle, ya que siempre hacía lo que ella quería. Como era la única hija normal, todo era para ella. Yo y mi estupidez de 13 años, permanecíamos en silencio todo el día, mirando como pasaba la vida desde los rincones de la casa, sin poder hacerme entender; yo sólo emitía gruñidos y más que nada silencios.
Siempre sentí un rechazo sobrenatural por ese animal. En un principio creí que se debía a lo que le ocurrió a mi madre cuando me tenía en su vientre. Según oí de los adultos, fue a visitar a una vecina para que le arreglaran un vestido y al momento de traspasar la reja de entrada al jardín de su casa, un perro negro, que nadie sabe de donde apareció, corrió hacia ella y enterró sus salvajes dientes en su panza de embarazada. Dando un grito se desmayó, mientras entre dos hombres intentaban forzar a la bestia para que soltara a su indefensa presa, intentaron destrozar la mandíbula del infernal animal, pero sólo tuvieron éxito cuando le dieron un certero golpe de martillo en la cabeza. Muchos dicen que soy como soy, porque el perro negro era el mismísimo diablo.
Como dije antes, mi rechazo comenzó el día que llegó a casa, noté que desde los brazos de la niñita, me miraba como reconociéndome, como saludándome. Nadie se percató de eso. Al ver a la niñita saltando de alegría con el animal entre los brazos no pude decir nada, tal vez sólo era otra jugarreta de mi mente. Al fin y al cabo nadie me entiende. Mis padres lo aceptaron de inmediato. Yo retrocedí lentamente hacia la puerta que daba al patio, sintiendo el ardor de su mirada fría persiguiéndome sin descanso.
Nada extraño ocurrió durante el primer mes de su llegada. Como todos los días nos levantábamos temprano, mi padre se iba al trabajo, mientras mi madre y yo llevábamos a la niñita al colegio. Al regreso mi madre preparaba el almuerzo, mientras yo me dedicaba a caminar por el patio, dando vueltas y vueltas alrededor de la mesa de madera, para luego sentarme a la sombra del ciruelo para descansar.
Desde que ese animal llegó a la casa, la niñita poco a poco fue dejando de lado cosas que antes le encantaba hacer, como salir en las tardes a jugar con sus amigas, andar en bicicleta, jugar con muñecas en el antejardín bajo el gomero, y todas las cosas que la mayoría de las niñitas de 7 años gustan de hacer. Sus tareas escolares era lo único que continuaba haciendo con regularidad, sin embargo ya no lo hacía con el mismo entusiasmo. Mis padres, siempre preocupados más que
nada, de este último aspecto de su desarrollo, no pudieron o bien, no quisieron percatarse de los otros cambios. Por mi parte, sentía que no podía involucrarme más en este asunto, de lo que ya lo estaba, al dejar que este animal permaneciera con vida.
Los primeros días lo alimentó con leche en una mamadera. Eso fue hasta que le crecieron los dientes y empezó a romper todos los chupetes, fue en ese período que los ratones comenzaron a disminuir en la casa. Ya no se oían por las noches sus bulliciosas carreras por las vigas del techo. Los pájaros que durante las tardes se instalaban en las ramas del ciruelo a esperar las migas de pan, que mi padre les arrojaba, desaparecieron. Sin embargo, el mayor cambio de todos fue el de la relación existente entre mis Padres y la niñita. A causa del cuidado obsesivo que le prodigaba la niñita a ese animal, de la absoluta atención que le ponía en cada momento del día y de la noche. Llegando su cuidado a límites escalofriantes: Una tarde, cuando este siniestro animal no pudo alcanzar una rama del ciruelo para conseguir comida, ella trepó hacia lo alto y sacó de un nido, un pajarito que aún no podía volar para entregárselo a su macota, esto ocurrió al año de su llegada a la casa. Nadie más vio lo sucedido, sólo yo.
La niña pasaba los días de fiesta, sola, encerrada en su cuarto, mientras todos los niños jugaban en la calle. Lloraba cuando tenía que salir con nosotros y su mascota debía quedarse en casa. Intenté muchas veces hablar con ella de este tema pero como dije antes, soy el idiotade la familia y nadie me entiende, siempre recibía como respuestasilencio y frías miradas del animal entre sus brazos, entonces retrocedía y me alejaba corriendo para encerrarme en mi habitación. La
última vez que ocurrió esto, intenté contarle a mis padres lo que pensaba sobre la niñita y su mascota, pero ellos sólo me miraron y continuaron discutiendo entre ellos, que si él no se hubiera opuesto a bautizarla, que si no fuera por los genes de ella y su abuela demente, que si todo lo que vivieron conmigo para acostumbrarse al castigo de tener un hijo idiota, que no tendrían fuerzas para pasar por lo mismo con su pequeñita; en fin, me di cuenta que mis padres nunca entenderían lo que yo sentía, entonces dejé que todo siguiera su curso hasta donde el vaso aguantara.
Y así pasaron los años. La niñita no era ni la sombra de lo que había sido en su infancia. Siete años habían pasado mis padres visitando a un especialista y a otro y siempre terminaban en lo mismo, la niñita dando una luz de esperanza y recayendo una vez más en las oscuridades
de sus silencios y sus acciones desconcertantes.
Yo, seguía el desarrollo de los acontecimientos como un temeroso espectador, poniendo más atención al comportamiento de la mascota de la niñita que a ella misma.
Trece días antes de que todo llegara a su fin, observé que la bestia, como todas las noches, abandonaba a la niñita y se paseaba por lacasa. Podía ver por el umbral de mi puerta, su sombra cruzando por el pasillo, moviéndose en dirección a la habitación de mis padres, sin embargo ahora se detenía siempre unos segundos frente a mi puerta.
Durante la sexta, noche el animal desapareció de nuestra casa. Yo temía su regreso.
La niñita al día siguiente cayó enferma, con una fiebre cerebral que no la dejaba dormir. Mis Padres se turnaron para cuidarla. Día y noche se oían sus lamentos desde mi habitación.
Amaneció el día final. El doctor visitó a la niñita a primera hora y por última vez. Les informó a mis padres que en cualquier minuto moriría. Mis padres lloraron junto a su cama todo el día. Ese día no comí nada. Nunca me dirigieron la mirada, creo que nunca supieron que yo también estaba ahí. Estaban sentados junto a ella, esperando con la feroz sensación de saber que perderían lo más querido y con la debilidad de no poder hacer nada más que verla partir hacia donde sea que fuera.
Dieron las dos de la madrugada. Mis padres se habían dormido sobre un sillón junto a la cama. Nunca se enteraron que yo los tapé con una frazada. Yo estaba en vigilia junto al lecho de la agónica niña. Sentí un ruido en el pasillo. No desperté a nadie. Salí a mirar. Dejé la puerta entornada, para no perder de vista a la moribunda. Crucé el pasillo en penumbras y llegué a la puerta de la cocina, que era desde donde provino el extraño sonido semejante a una quebrazón de vidrios.
Revisé los rincones. Las ventanas estaban todas cerradas e intactas. No tuve necesidad de encender una sola luz. La luminosidad de la luna llena lo aclaraba todo. Me quedé unos minutos mirando hacia el pálido rostro que aparecía y desaparecía entre las nubes. Su imagen, así como
mis ideas, brotaban frías y atemorizantes.
Sin aún saber en qué momento lo hice, cogí un cuchillo de la cocina. Caminé lentamente hacia la habitación. Escuché un gruñido y un grito de niña, casi en forma simultanea. Corrí y entré sin medir consecuencias. Al encender la luz me encontré con una imagen aterradora: A los pies del sillón donde dormían mis padres, un río de sangre. Brotaba de sus gargantas y avanzaba lentamente hasta mis pies.
Sus carnes estaban abiertas por una línea delgada. Sus bocas semiabiertas, como conteniendo un grito que no alcanzaron a lanzar.
Sus ojos sin párpados, infernalmente abiertos apuntaban hacia la cama de la niñita.
Lo que vi luego fue aún más terrible y hasta hoy, lo revivo cada noche sin poder contárselo a nadie, para liberarme de las pesadillas que me atormenta: La niñita tenía sobre su cabeza a la maldita bestia, su cuello estaba desgarrado. La mitad de su cráneo abierto. De la boca de esa bestia, colgaban trozos del cerebro de la niñita. La sangre le manchaba las garras.
Sin saber en que momento ocurrió, la bestia manchó la hoja de mi cuchilla con su sangre. Al verme parado en medio de este infierno, lanzó un gruñido aterrador y saltó sobre mí, yo retrocedí, alcanzando a cerrar la puerta antes que una de sus garras me alcanzara.
Una vecina que había oído los gritos, llamó a la policía. Yo estaba sentado en un rincón de la cocina, mirando la luna por la ventana, cuando llegaron. Lo primero que hicieron fue arrebatarme el cuchillo ensangrentado de las manos. Luego se dirigieron a la habitación. No
los quise acompañar. Tampoco pude decirles nada. Lo único que pude hacer fue acurrucarme en un rincón, para evitar que el maldito animal lograra alcanzarme, sabiendo que ahora sí, yo estaba completamente solo. Sin embargo, nada ocurrió.
Un oficial cerró la puerta y al voltearse hacia mí, dijo algo respecto a que había encontrado un temeroso gato junto al cuerpo de la niñita. Entonces me tomó del hombro y me obligó a subir al carro policial. El oficial llevaba a la mascota entre sus brazos. Yo, sentado en el asiento de atrás, con las manos esposadas, sólo podía ver a través del espejo retrovisor, los ojos de fuego de esa maldita bestia, que me miraban fijamente, sin descanso. Riéndose de mí, burlándose como siempre, sin que nadie mas que yo lo notara.

Juan Pardo

martes, 20 de noviembre de 2007

En La Habitacion


Se preguntaban, se miraban .El se enfermaba se notaba parecia un papel sus ojos perdidos en sus orbitas sin decir nada sin decir nada , todos se preguntaban la causa de su dolor .yo se lo cauce, no fui yo, yo fui, no digas eso pude ser yo esta mañana.ordenemos las culpas y veremos si sana. todos salieron culpable y el dolor era màs que su cuerpo balbuceo unas palabras y se durmio...

lunes, 5 de noviembre de 2007

Un par de litros màs se nos va el paciente

Cerca de la realidad

estuve tan cerca de la realidad,
y no estabas junto a mi.
cada cráneo servia de peldaño,
cada cuerpo inútil parecía una sombra,
estuve en la realidad.
no se, si, era la muerte.
el desfallecimiento de todo,
por todos en un vendaval de hiel.
no se donde estuve y tu no estabas.
ve vi la ultima gota de sangre.
y mi cuerpo perenne se quedo en tu mirada,
la única que estaba cerca de mi labios.
no supe nacer, no supe.
bajo hilos de placer pagano.
se rompió mi letra de amanecer.
no supe si es, ahora o ayer, no supe.
inútil destrozo los desfiladeros.
guardo ese abismos en mi piel.
y las nubes brotan.
como mañanas;
en un sortilegio de corrientes
que se desfiguran en el mar.
en los ríos de tierra,
en los peces.
que como ayer se van, se van...

viernes, 2 de noviembre de 2007

¿Donde? estas Liliana


¿Dónde?, dime ¿Dónde?

Sonámbulo sangrante,

En millones de habitaciones,

En decenios de casilleros,

Donde su vida le ha llevado…

Perdido en los confines de su pensamiento.

Truncado.

Una y otra vez,

Amputado en su esencia

Llevando esta cruz de verdad absoluta y cristiana.

Vagas en atmósfera de inquietud.

De esta cadena de vida.

Que pesa en tus pupilas.

Sin descanso.

¿Dónde están las claves milagrosas?;

Que te lleven a pedestales quietos de

Tu espíritu luchador.

¿Donde están?;

Más allá de unos consejos de interés;

Que solamente como muchas veces;

Te hacen perder tu propio equilibrio;

Llevándote a los más profundo de los abismos;

Aun más dolorosos que esta propia soledad.

Dime ¿Dónde? hacia donde debo encaminar mis pasos perdidos

En estos inmenso laberintos del saber.

Una luz una miserable luz.

Que alumbre esta desolación.

Se quema mi carne y mi desesperación.

Que no espera en las vitrinas de algún almacén.

Desde hace varios años cargo mi cruz encadenada;

Desde hace varios años sentí;

Que mi vida y la vida;

Era difícil y una guerra táctica

Entre risas pervertidas

Que siempre existen…

Que me hace caer más abajo del infierno

No existe voluntad mutua en este maldito mundo…

Debo arrastra mi pobreza…

Mirando los estantes.

Sin alcanzar un mendrugo pan.

Para seguir encadenado a esta,

Inútil desesperación…

Sentir risas burlonas tan inútil;

Como la propia existencia;

Desde el alba hasta el atardecer.

Donde luz de madrugada,

Encaminar esta angustia;

Que arde en mi alma.

Ni el amor en su dulce melodía

Remedia mi inquietud

¿Donde ir? Donde

Que puerta tocar

En esta desesperanza

martes, 30 de octubre de 2007

Vamos a ponerle unos Litros de Sangre

Sangre en el Sofá

La sangre bajo por los espejos.

La mirada era un vendaval de odio.

Y la mente daba los últimos alientos;

A una vida desdentada en su cauce.

Morir, morir, morir.

Fueron sus palabras, últimas,

Detrás de esa transparencia.

Solo existía nada.

Su alma sus sueños…

Quedaron como un vestigio,

Un vestigio, insensato, sensato…

Solo su sueño le pregunto.

Una mañana por la libertad…

Y nunca mas había sido libre.

La vida la trasmuto desde gusano a la mariposa

Desde la mariposa al gusano.

En un grano de tiempo.

Y yacía sin vida… Real,

Dolores en ese cuerpo doliente,

Sin existencia no estaban.

La certera muerte,

Inesperada, vacío en sus pupilas,

Muerte, muerte.

Engrandeciendo,

El minúsculo espacio de la vida;

Y su tiempo…

P.D: palabras que representan concepto nacen guerras, la libertad y el amor palabras, malos entendidos, risas jocosas, palabras que acarician y suelen perfumar las primaveras

viernes, 12 de octubre de 2007

Espero Ganarme un Mate Gaucho en Una Rifa


Plumajes en un Espejo

Tía Águeda dormía muy plácidamente en su mecedora; hacía más de diez minutos que había regresado de casa del alfarero del pueblo. Él me había contado un extraño sueño que le sucedió la noche anterior, en un vaso que estaba sobre una silla habían algunas sombras haciendo un extraño ritual, en el fondo de la habitación estaba ese antiguo espejo donde las sombras se podían ver más nítidas, eran varias personas que intercambiaban los vasos de metal, en su interior habían pequeños insectos que se transformaban en una especie de ave con plumas multicolores y salían traspasando las ventanas que se encontraban completamente cerradas, sus vuelos eran circulares sobre el pozo de la casa donde desaparecían con el viento de la noche, tomé mis gafas dejando a tía Águeda. La noche estaba bastante estrellada, los luceros parecían enormes botones carmesí, caminé por la única avenida del pueblo hasta el bar, cuando estuve en su interior pedí un cerveza. Mis amigos debían llegar esa misma noche desde la mina donde trabajaban. Fulgencio, el dueño del bar, estaba revisando algunos papeles; ¾ ¿Cómo ha estado Rodrigo?, hace tiempo que no le veía dijo, le saludé de manos y tomé la botella sentándome en la mesa que estaba junto a la ventana. Desde allí podía ver la larga avenida junto a los sauces que estaban a la entrada del pueblo, la calle estaba desolada; serví un poco de cerveza bebiendo un par de sorbos; en ese instante se vino a mi mente una percepción, podía ver la silueta de un hombre quien cargaba en sus espaldas un montón de leña seca, a medida que se acercó donde estaba pude ver que su cabeza tenía una forma poliédrica y en cada lado se veían rostros de personas con sus nombres que había visto en el obituario, de inmediato se apoderó de mi una desconocida sensación que calaba mis huesos, el hombre al pasar por mi lado dejó escapar un rostro de su cabeza que se posó en mí, en se momento sentí una sensación extraña que hizo que soltara el vaso, Fulgencio dejó los papeles y se acercó; ¾ ¿Estás bien? ¿Te sucede algo? no, dije sacando algunas monedas con que pagué la cerveza y salí del bar sin saber donde iba, después de varias horas de caminar sin rumbo aparente; llegué a una enorme casona; nunca antes la había visto en el pueblo, estaba poblada de flores y antiguos árboles atávicos que se encaramaban por sus muros, se mecían sobre una blanca nube, tomé el sendero llegando hasta la puerta principal que estaba adornada con dos manos de metal, le di varios toques sin que nadie contestara, a un costado de la puerta había un pequeño masetero y en su interior había una llave que colgaba de uno de los ganchos de la planta, la tomé y abrí la puerta de par en par; en su interior había un lujoso comedor servido con deliciosos manjares, más al fondo se podía ver una escalera de caracol que se empinaba hasta las habitaciones. ¾ Es usted señor, dijo una voz que salía desde una de las habitaciones de la planta baja, ¿quién es?, pregunté un tanto intranquilo; la puerta se abrió, apareciendo un mozo con una bandeja con un vaso servido, tome señor su aperitivo, lo estábamos esperando, los invitados deben estar por llegar, ¿está seguro de lo que dice?, pregunté al hombre que continuaba con varias cortesías, ¾ de qué habla usted señor, nada, dije mientras el mozo me indicó las escaleras, subí sin preguntar nada, ¾ su baño está esperando, subiré enseguida para ayudarle, dijo en forma muy cortés el mozo, desapareciendo por la puerta por donde había venido, subí los escalones, cada habitación estaba enumerada y aparecían unas iniciales en cada una, entré en la que tenía mis iniciales R.V, en su interior existía un precioso baño todo de mármol muy bien estilizado, en uno de sus colgadores estaba una inmensa toalla también con mis iniciales, corté el agua de la tina, después saqué mis zapatos y mi ropa, todo parecía bastante real, cuando estuve dentro del agua apareció nuevamente el mozo, esta vez traía en una bandeja varios frascos y esencias aromáticas, cuando hubo vertido las aguas se levantó una suave espuma, el mozo insistió en ayudarme pero me negué, después se retiró sin decir nada, el agua estaba bastante agradable, no supe en que momento los músculos de mi cuerpo se fueron poniendo rígidos y un extraño dolor un tanto placentero se fue produciendo en mis articulaciones, hasta ese momento no podía darme cuenta, cuando desperté estaba con varias agujas en mis brazos y una mascarilla conectada a un respirador artificial, parpadié unos instantes para tratar de recordar, después intenté moverme, era imposible, mientras por el corredor se escuchaba la voz del alto parlante que pedía el nombre de un médico para el pabellón de cirugía, cuando pude verme en el estado en que me encontraba comencé a sentir una enorme desesperación, gritaba pero de mi boca no escapaba ni un solo grito, luego de un rato llegó una enfermera quien traía una bandeja con comida, ella hablaba respecto a mi enfermedad pero no entendía nada, luego de eso se sentó cerca mío y me dio de comer, mi lengua no lograba dar con el sabor y la comida extrañamente se caía de mi boca, ella volvía con otra cucharada pero era exactamente lo mismo, en ese momento noté que ella no se daba cuenta que ésta caía de mi boca, después de darme la última cucharada se retiró sin decir nada, traté de incorporarme, estuve en eso varias horas hasta que logré sentarme, las gotas caían muy despacio de las bolsas, encima del velador había un montón de revistas de tapas amarillas, al parecer muy antiguas y un periódico del día, moví despacio mi mano y lo tomé, la fecha era 16 de Agosto de año 76, no lograba entender que pasaba, ayer para mi era 12 de Mayo de 1998, en ese momento entró un hombre con un gran abrigo largo y gafas oscuras, repentinamente pude hablar ¾ que estoy haciendo acá, pregunté mientras el hombre se sentó a mi lado, ¾ es usted quien pienso, dijo el hombre sacándose las gafas, sus ojos no estaban en su sitio, esto me provocó temor, el hombre se levantó y tomó la ficha médica que estaba colgada a los pies, ¾ tu eres Francisco no es cierto, volví a perder la voz pero esta vez fue muy raro, mi boca si se movía pero yo no la estaba manejando ni tampoco podía escuchar que cosa hablaba, luego de un rato el hombre volvió a ponerse las gafas, esto me tranquilizó pero no lograba entender que estaba sucediendo, nuevamente volví a tener el control sobre mi voz pero el sujeto se había evaporizado, lo que hubiera sido me dejó bastante contrariado, cerré un momento los ojos como una forma de descansar, en ese instante pude ver nuevamente al sirviente, la situación era aún bastante más real que lo anterior ¾ Señor, los invitados le están esperando, dijo mientras me cubría el cuerpo con la enorme toalla que llegaba hasta el piso, secó mi pelo con un secador de mano y se marchó sin decir una palabra, luego regresó con un smoking y una diminuta humita de color azul, luego colocó un perfume bastante concentrado detrás de mis orejas y cuello ¾ ahora si señor, le deben estar esperando, aunque de momento toda la situación era extraña y bastante contradictoria, sólo me limité a hacer lo que el sirviente decía, bajé las escaleras y recibí varios aplausos, toda la gente estaba en el salón principal, yo era el único que no cubría mi rostro, todos ellos tenían unas coloridas máscaras, apenas bajé el último escalón la música se hizo sonar al otro lado del comedor, todos y yo incluido nos tomamos de las manos y comenzamos a dar vueltas por entremedio de la gente, estuvimos en ese baile en zig-zag hasta muy avanzada la noche y parte de la madrugada, cuando la música dejó de sonar y las personas desaparecieron sin yo darme cuenta, cuando quedó el salón completamente vacío me senté en uno de los sillones que estaba junto a los enormes ventanales de la habitación, miré la enorme nube en que estaba incrustada la casona y a lo lejos se podían ver los primeros rayos de sol de la mañana, al volver la vista hacia la habitación ésta había desaparecido y sólo estaba el largo corredor donde estaba el espejo, donde se podían ver a los hombres haciendo ese extraño ritual, donde los insectos se convertían en aves de bellos plumajes que se elevaban sobre sus cabezas y se movían en distintas direcciones atravesando las sombras que estaban de espalda al antiguo espejo del corredor. ¾ Muchacho te sucede algo, dijo tía Águeda meciéndose risueñamente en su mecedora.




* 3/4 = guion largo




Nota: este relato pertenece a una publicacion hecha en 2005 de mi autoria, quisiera agradecer a Cristian Romero su correción y machucones varios y esa pizza con anchoas y el whisky de 14 años la publicación se llama Badajo y otros cuentos, hice 150 ejemplares que los comercialice de mano recorriendo algunas comunas de Santiago. San bernardo, buin casa y conversando con la gente una bella experiencia espero reeditar esta publicacion este año junto con mi primer libro estoy trabajando tan duro como antes, a veces cuando nos sentamos a escribir pensamos o creemos que estamos solos pero en realidad estamos conectados con todo los demas, un abrazo para ti Liliana por darme el espacio para mostrar a tus lectores mi trabajo que llevo haciendo hace ya 15 años y que cada vez parece que tuviera menos edad la escritura es un verdadero oasis en esta sociedad de consumo espero estar haciendo lo bien gracias infinitas para ti liliana y tu trabajo saludos Gonzalo el rumbero y amante de las cosas simples.

lunes, 8 de octubre de 2007

Para Relajarnos un Mate

Pregunto
Dormí esa tarde pero me sentía extraño, al parecer, mi sueño esa tarde me llevo otro lugar, dijo el muchacho sentado en el diván. El psicólogo anoto algunas frases y pregunto. ¿Pero que o quien lo seguía? —no lo se, a la mañana siguiente fui a la ferretería, compre algunas baldosas y papel de muro. Trabaje varias semanas, remodele toda la habitación y ese hombre, el pianista de manos esqueléticas, de ojos brillantes y rojos. No me miro más. El psicólogo movió su ceja derecha, así que eso seria, pensó y un extraño dibujo hizo sobre el papel, pero de hecho ese dibujo estaba influenciado, por algo, por alguien. Después de eso anoto algo en el taco que estaba en su escritorio y se lo entrego. El hombre continuo hablando —tome un cada 8 hors y nos vemos, el martes en la mañana.

El psicólogo se veía cansado, llevaba tres meses en la consulta, tratando de solucionar problemas a varias personas ajenas, pero quien arreglaría los suyos sus propias taras y obsesiones.

Llego al departamento mas cansado de lo habitual su hijo de 9 años le pidió dinero, saco un billete de malas ganas y se lo entrego, nunca antes había estado así. Recordó el relato del último paciente de pronto, frente a él, apareció el pianista, tal cual como el hombre se lo había descrito…

Cuando el policía levanto el plástico, donde estaba el cuerpo. Se sorprendió. Era su psicólogo, con quien esa mañana había compartido, una sección más de las ocho que tenia cada semana, en su mano tenia un anillo. Era el usado por el pianista, en ese sueño terrible que lo tenia sin dormir…

Posdata: Liliana no sueñes con el pianista, puedes ser la próxima victima…hulluy

viernes, 5 de octubre de 2007

Esperando un Asado


Licantropía al Atardecer

Abrí el paquete de cigarrillos, la avenida se veía larga, como lo que me faltaba para llegar a casa de Leonora. Suele suceder que siempre me tomo algunos minutos. Nunca es llegar cuando te esperan. Es ser siempre inesperado, como cambiar el dial de la radio, es algo simple y complejo algo complejo y simple. Si esa melodía eso señal que las sensaciones me harán sentir mejor sino, esta es preferible no haber tomado asiento en esta plaza. Los niños tratan en vano de elevar un volantín, mientras una hoja de diario algo arrugada, muestra unas imágenes de Fernando González. Los niños por fin logran elevar el lobo volantín, algunos estudiantes leen algunas tareas. Leonora debe estar preparando el café, que tanto nos gusta ambos… ya no se, que decir y el celular en mi bolsillo, comienza a vibrar las palomas vuelan en circulo, la tarde nos abandona a mi y varios…
Pensé por un momento que ese volantín que los niños elevaban era mió o por lo menos su tirantes lo sentía al tomar los hilos era como volver a esos instantes a esas pasión infantil que tanto de menos echaba mientras el celular me avisaba que su batería se había acabado y la llamada no había quedado registrada como las otras y varias que en mi teléfono ya no estaban…
El hombre había sido mordido por un lobo. Permaneció en banco del parque hasta que la luna apareció en el horizonte, sintieron fuertes gritos esa noche y el hombre sufrió millones de tribulaciones y locura. Nadie lo supo nadie, quizás, si lo supieron pero era indiferente. Cualquier situación ese hombre le había ganado a su indiferencia. A unas cuadras de allí algunas goteras de la llave golpeaban una lata. El sonido era muy tenue casi imperceptible, ese hombre podía oírle. La noche avanzo, los primeros rayos del sol inundaron, nuevamente el parque. Los niños corrían a hurtadillas de un lado para otro. Cuando encontré a ese lobo herido, por un proyectil, no imagine que se trataba de él, nunca imagino, en realidad soy mucho más real que él…

Los policías llegaron con varias horas de atraso al lugar pero lo había presenciado todo ese lobo herido se convirtió en un hombre enfrente de mis ojos ellos lo revisaron lo revisaron hasta encontrar su identificación y otros papeles después durante esa tarde regresaron los niño y su volantín que lo elevaban trabajosamente pero allí estaba otro hombre muy parecido al de la otra noche, noche, noche.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Muerte Confieso


No sé quien eres muerte

Paseabas en mis pies de plena mañana

No sabía quien eras muerte
Te levantabas con el alba
Calzando mis zapatos gastados

No sabía muerte, no sabia
Cubrías tus ojos en mis ojos
Sobre tardes interminables
Sobre risas jocosas

Sobre vendavales y hambre

No sabía muerte

Que mis pies callados te hacían reverencia

Que las miradas ajenas

Te tenían como compañera

No sabia

No sabia

Donde Ríes

En sacaros sobre los ataúdes

En dolor, Dolores no sabía muerte

Que, el llanto, te llora

No sabía muerte

No sabía

*Nota: este trabajo esta incluido en un poemario y retratario que no se en que momento lo publicare en formato papel o es posible que este trabajo quede en formato digital al menos esta en el video…un afectuoso saludo oscuro y tétrico desde el otro lado de la cordillera Gonzalo Torres O

*Con cariño para Lili Varela

lunes, 10 de septiembre de 2007

Relatos de Locura-Amparo Carranza Vélez


Relatos de locura se suceden a las doce en punto.
El ectoplasma deja la caja de sueños y se libera a volar como mariposa de noche, con alas de polvo, detrás de la puerta.
Deshago los tonos oscuros de mis labios, liberando el secreto acerca de quién eres tú.
Mensajero negro de la niebla yel azar.
Quieres devorar mi alma y que seamos dos de lo mismo.
La misma esencia negra, las plumas del cuervo, las mismas coincidencias.
Ahora dices que mi alma es tuya y que podemos jugar por siempre en este carrusel de ilusiones. Podemos ser un reflejo de un espejo perverso.
Amparo Carranza Vélez

domingo, 8 de julio de 2007

Soledad Compañera//Cris Longinotti


La fría soledad se arrastra y trepa
desde mis pies incautos hasta el pecho
y, como si tuviera algún derecho,
transforma mi vergel en una estepa.

La oculto: no me gusta que se sepa
que el monstruo vive en mí y está al acecho;
jamás confesaré que le di techo
por piedad, y aún así gruñe y me increpa.

Por tener compañía, la alimento
con restos de un amor desencontrado,
manjar que la mantiene siempre alerta.

Cuando se acabe al fin el bastimento,
devorará mi corazón helado
y ya no estaré sola, sino muerta.


Cris Longinotti.

Oh Muerte- Manuel Cortés




Acércate a mi lumbral,
oh Muerte tan espantosa,
pues siendo tu cara fea,
tu llegada es tan hermosa,
que miedo a mí no me das...


Una pregunta me hago:
¿Qué es más horrible,
una losa o del mundo su maldad?...


Y es, que siendo distinta cosa,
vida y muerte tan distinta,
la primera te la quita
y la segunda te la da.


Manuel Cortés

lunes, 11 de junio de 2007

SERVICIO MORTAL

Mi muerte era plácida, sin sobresaltos. SK08-mm1 era mi identificación. Mi hueso de identidad provocaba respeto en la Secretaria de Necro Mensajeros. “Asdrubal Vitrubio, asesino serial”, leyeron cuando me presenté al Necro Juzgado en Primera Instancia, al momento de mi fallecimiento.

En el organismo faltaba personal. Guerras, pestes, miles de muertos, espléndida época. Pero el servicio de Anuncio de Fallecimiento era deficitario. La tradición medieval (esqueleto bajo túnica negra, guadaña, “vengo a anunciarte tu muerte”, qué belleza), ya no era posible. Tampoco “bienvenido, estás muerto”, en pleno camino del infierno —lo más probable— cae bien.

Se diseñaron soluciones, algunas efectivas: La Muerte a caballo por los campos en noche tenebrosa: servicio para 10 a 50 personas; aullidos y gemidos en la noche: para más de 100 (no se arma un coro así nomás).

Pero estaban los candidatos a muerte VIP (jerarcas, enamorados, criminales, suicidas) con ceremonia a medida, mensajero a persona; túnica de raso, huesos lustrados, voz cavernosa y ronca, guadaña de acero de Toledo, era un servicio muy difícil de conseguir. Había clientes demorados tres años, muertos de aburrimiento, qué vergüenza. No había tiempo para cursos de capacitación. Por escalafón, ni pensar.

Ahí caí yo. Revisaron mi prontuario: catorce víctimas una por una, anuncio a la medianoche, ejecución al amanecer, no se me escapó ninguno, un arte. Motivo venganza, nada enfermizo. Odiaba a esa gente; niñeras, institutrices, profesores, celadores, novias. Todos habían colaborado en mi fracaso final, en mi humillación. En la noche de bodas tuve que matarla. Pero sólo fue la primera. Todos fueron culpables, todos pagaron.

Algo me falló. “Ahora tú debes pagar”, me dijo alguien, y me mató.

La circunstancia de mi muerte no afectó mi prontuario. Me nombraron Mensajero de la Muerte nivel 1. Hasta modista y maquillador, llevaba. Sin límite de gastos.

Me acuerdo de alguien –un funcionario de un país europeo-. Después de la depresión inicial, pidió como último deseo una cena tipo Maxim. Dormí a todos y vacié el local. Con los registros de decesos de los últimos 30 años me alcanzó para reponer el personal. Hasta había una soprano famosa. Apariencia, vestimenta, recursos no son problema, cualquier autorizado puede hacerlo. Se fue contento, el hombre.

Pero no todo dura en esta muerte. Mi asesino tenía una lista de 15 sentenciados, los 14 primeros iguales a mi lista; el decimoquinto era yo. MI hermano, el menor, era el dueño de esta lista. Se supo al fallecer él, de muerte natural. Ahora se dudaba de mis crímenes, a menos que yo los revalidara, o aportara al menos 16 nuevos, incuestionables crímenes. En ese ministerio no se molestaban en corregir nada. Se adecuaban. Prometieron decidir a la brevedad.

Es medianoche. Una escena horrenda, insoportable: un querubín, con alitas y rulos se me aparece. “Han decidido darte la oportunidad de incrementar tu lista y volver al puesto. Tienes quince años de plazo”, me dijo con terrorífica voz cristalina. Me tomó del brazo y continuó: “Acompáñame”.

—¿Adónde me llevan?¿Por qué tan oscuro? —gemí asustado—. ¡No, por favor! ¡Noo!¡ !Oh! ¡!Por qué me tironean! ¡...! ¡Buaaaá!

—Un robusto varoncito, señora. Tiene mucha voluntad, no sabe con qué fuerza me apretó el dedo. Me lo dejó muerto.

Carlos Adalberto Fernández

http://carlosafernandez.blogspot.com/

viernes, 25 de mayo de 2007

Sepulto tus miedos-Liliana Varela

Soy como un cementerio que la luna aborrece,
donde largos gusanos, como remordimientos,
se encarnizan sin tregua con mis muertos queridos.

Charles Baudelaire




Sepulto hoy tus miedos junto a los míos,
descansarán como esqueletos desconocidos
compartiendo la aventura de la putrefacción eterna.
La fosa los acogerá como una vez lo hicieron mis brazos
pero en ella no habrá calor
ni siquiera compasión.
El suelo los cubrirá con el manto del oscuro silencio
perpetuando la paz tan necesaria e inútil del camposanto.
Dormirán por siempre abrazados al olvido, retorcidos
en hediondo fango mohoso,
mutilados, carcomidos.
Danzarán dantescamente en las tinieblas del fuego
condenados a las sombras,
innombrados, marginados.

Sepulto hoy tus miedos junto a los míos
bajo la llave
con que cierro el corazón.

Liliana Varela.

lunes, 19 de febrero de 2007

Aquelarre


Cuando el sol se va ocultando
y la tarde va cayendo
Cuando reina la oscuridad
y se evapora la luz del cielo...

...ellas llegan a la tierra.
con sus sombrìos rostros
en actitud que aterra
siempre vestidas de negro

Con sus enormes sombreros
sus escobas voladoras
sus lechuzas y sus cuervos.

Algo las trae de muy lejos
Seguiràn una ceremonia
Haràn conjuros secretos
Leeràn la biblia negra
perduraràn en el tiempo

Orgìas descabelladas
las reuniràn junto al fuego
beberàn extraños brevajes
viviràn un delirio extremo

Firmaràn pactos con sangre
para adorar de todas formas
a su temible Àngel negro

¡Son las discipulas del infierno ¡
Las une un mismo propòsito
que se oscurezcan los cielos.

Que reine la locura
el caos y la confusiòn
Dejar los demonios sueltos ¡
Rito ancestral. Rito perverso

¿Sabìas que ellas existen?
¿Que aùn se siguen reuniendo?

¡Ten cuidado! Cùbrete de luz
Convoca a tu àngel bueno
No extravìes tu camino
No entres al reino del miedo.

Quizàs èl te guarde del mal
Te obsequie bueno sueños
Aleje tus pesadillas
Cierre las puertas del averno
.


Ximena Rivas


martes, 23 de enero de 2007

El Taxidermista



Acomodó la cabeza de su última víctima con cuidado.
Esta vez le había tocado el turno a un oriental; un hombre de 50 años aproximadamente, un pobre desgraciado que caminaba por donde no debía, a una hora que no debía.

Le había caído por sorpresa clavándole, con precisión, un puñal repetidas veces entre las costillas, debajo de los pulmones, como para sacarle todo el aire en forma instantánea e impedirle gritar.
Luego con escalofriante pulcritud y rapidez había seccionado la cabeza con la destreza de un hábil cirujano y carnicero a la vez.

Era su octava cabeza embalsamada. La taxidermia la efectuaba con tanta perfección que uno podría decir que la cabeza tenía vida al momento de ser puesta en ese altar; ese altar levantado en honor a su madre, a su querida progenitora, a aquella que siempre se había reído de él, diciéndole que era un alfeñique, un estúpido al cual cualquiera podía ganarle con un soplido.
Junto al retrato de la anciana, muerta hacía dos años, reposaba su cuerpo embalsamado.
El había profanado la tumba de su propia madre una noche luego de morir para perpetuarla, para sentirla cerca de él, para saber que ella estaría viendo que su hijo era valiente y que su profesión no era la de un vulgar cobarde que sólo podía con animalitos muertos. De esta manera ella vería que él era fuerte, era el propio cazador de su orgullosa colección, que hoy cobraba una víctima más.
--Ves Mamá –dijo mientras cerraba la cortina de ese altar sagrado en su habitación de falsa entrada (situado en el coqueto negocio de taxidermia en plena capital metropolitana) – Aquí va uno más…puedes sentirte orgullosa de mí, soy un valiente cazador que no sólo anda con bestias pequeñas e inmundas…ahora ya no te reirás más de mí….¿verdad mami?

El ruido de un cliente en el negocio lo sacó de sus pensamientos; apresuró el paso.
Seguramente era ese policía; hacía rato que andaba tras él. ¿Estaría sospechando de él?
No lo creía, se consideraba demasiado inteligente para dejar pistas…pero también era verdad que ese policía no era ningún tonto.
Le había hecho muchas preguntas…cómo se hacía una incisión tan precisa; cómo se evitaba perder mucha sangre; qué instrumentos serían útiles para seccionar con rapidez y maestría, etc…
La charla con el policía no le había gustado mucho; éste le despertaba demasiadas sospechas: le había dicho que necesitaba diseccionar y embalsamar un pequeño perrito que él y su esposa amaban como a un hijo y le había asegurado que se lo iba a traer más tarde, hecho que él interpretó como un funesto desenlace.

--¡Señor Wrunt! ¡Señor Wrunt! –escuchó sabiendo que quien gritaba su nombre era el policía. Tomó el bisturí más filoso que poseía y giró la cabeza hacia donde reposaba escondido el cuerpo de su progenitora.
--Esta vez estarás más orgullosa, madre…es el turno de un policía –dijo mientras respondía al llamado—Voy sargento Raen…Voy.

La cabeza del policía rodó al caer de las manos de Wrunt en el preciso instante en que los gritos de aquella mujer que cargaba el cadáver de un perro entre sus brazos lo sobresaltaron.

Liliana Varela

martes, 28 de noviembre de 2006

El extraño caso del doctor Hillgrove


El Dr. Hillgrove era un cirujano afable, inteligente, sencillo, cariñoso con sus pequeños pacientes. Proveniente de una familia acaudalada y políticamente bien situada, había decidido dedicar su vida a la Pediatría, y fundado un excelente hospital en el que tenían cabida no sólo los hijos de la clase social a la que él pertenecía, sino también de los obreros y de los pobres que a él acudían en demanda de auxilio cuando los casos eran tan graves que no podían ser resueltos en la Beneficencia. No hacía distingos entre sus pacientes, y había dado órdenes estrictas de que ninguno fuera rechazado.
Su vida se repartía enteramente entre su vocación y su familia: su esposa y su hija, a las que amaba profundamente. Nada más le importaba. Algunos de sus colegas sabían de su extraordinaria valía médica y le remitían casos difíciles. Algunos políticos, amigos de su familia, intentaban ganarle para que ocupara prestigiosos puestos públicos. Pero era conocida entre la profesión la negativa sistemática del Dr. Hillgrove a aceptar ningún tipo de actividad fuera de la que ejercía, diariamente, en su hospital, así como ningún tipo de cargo, honor ni reconocimiento.
Todo cambió la mañana en que su pequeña hija, de doce años, apareció muerta en los muelles, asesinada. Nadie consiguió encontrar ningún motivo para tal asesinato y, aunque la Policía prometió al Dr. Hillgrove una rápida resolución del caso, no había pista ni explicación algunas, la única idea posible era la atribución del crimen a alguno de los criminales descontrolados que pululaban por la ciudad, y que bien podrían haber topado con una adolescente y haberla raptado. Las vidas del Dr. Hillgrove y su esposa se hundieron desde aquel momento, y él se volcó aún más en su trabajo, como si quisiera aumentar sus esfuerzos como póstumo homenaje a su hija.
Un par de semanas más tarde, mientras la policía seguía buscando infructuosamente, el doctor recibió en su despacho la visita de un hombre de mala catadura, quien le transmitió un recado desde la cárcel. -Vengo de parte de Swan. Usted no lo recordará, pero salvó a su hijo de heridas mortales de bala y no lo denunció. Swan encontrará al que usted busca, y así pagará su deuda.- El Dr. Hillgrove sencillamente respondió: -Gracias. Por favor, entréguemelo vivo.
Tres meses después de esta conversación, una madrugada, alguién dejó en las escaleras de acceso a una comisaría a un extraño ser, como un engendro, envuelto en una manta. Los agentes que lo recogieron se quedaron aterrorizados: nunca había visto nada igual.
Era un hombre maduro al que le habían sido amputados brazos, piernas, genitales, lengua; extraídos los ojos, dientes y tímpanos, quemado el paladar, cortadas las cuerdas vocales. Los forenses dictaminaron que todo era obra de un buen equipo de cirujanos, las operaciones eran perfectas, y se había cuidado su estado de salud para que no muriera.
Los psiquiatras no pudieron realizar labor alguna, dado que se trataba de un ser incapaz de recibir información del mundo exterior ni de comunicarse en modo alguno más que con espantosos rugidos de terror, como si se tratase de un animal. No podía determinarse de quién se trataba. El suceso era tan espantoso que desde el Ministerio se prohibió absolutamente se diera la menor noticia a la prensa y se calificó como secreto.
El Dr. Hillgrove fue consultado entre los peritos, y se mostró tremendamente compadecido del pobre hombre. Tanto que se ofreció al ministro para tenerle, bien cuidado y atendido hasta que muriera, en una depencia de su hospital que él habilitaría como secreta.
Así se decidió: el Dr. Hillgrove continuó yendo cada día a su hospital, triste y hundido, aumentando cada vez en mayor número sus intervenciones gratuítas, aislándose de las relaciones sociales, y visitando cada día al extraño paciente, al que cuidaba y trataba con esmero para proporcionarle la vida más larga que en su mano estuviera darle.

lunes, 27 de noviembre de 2006

Un Extraño Amor



Extraño, extraño amor.
Me obligaron a vestir de negro, a ver como te introducian en un ataud.
Y por si fuera poco, debi ponerte un clavel rojo entre las manos.
Cerraron el ataud y ya no te vi mas.No te vi, pero solo en presencia.
Porque en mi mente, en mis sueños, siempre estas presente.
La vida se volvio completamente intolerable para mi.
Ya nada tenia sentido, queria morir, estaba obsesionada con la muerte, con la idea de volver a esta junto a ti.
Pero que podia yo hacer...La locura ya se apoderaba de mi, cuando de pronto recordé un nombre, el Dr. Brent.El era un hombre enigmatico, misterioso y un poco siniestro, pero tu lo admirabas mucho, mientras vivias.
Era un estudioso de los fenomenos paranormales y otras cosas...¿'?
Me arme de valor y fui a verlo.Me hablo de ti, de la muerte, de la mente y de los riesgos que corria al hacer lo que tenia en mente.Pero yo estaba decidida y no pensaba dar pie atras.Entonces segui al pie de la letra las indicaciones del Dr. Brent......Y ocurrió lo que tanto anhelaba...

Ahí estaba yo, en un lugar extraño, brumoso, oscuro,l confuso.Parecia que me encontraba en otra dimension.De pronto, lo tan esperado, alli estabas, frente a mi estabas tu.Con tu apostura de siempre, tu preofunda mirada, tu afable sonrisa.
Eras tu frente a mi, extendiendome los brazos.
Me abrazaste y besaste como siempre.Estaba tan feliz de estar entre tus brazos nuevamente.Tu te veias feliz, aunque algo diferente.Un brillo extraño irradiaba desde lo profundo de tus oscuros ojos.
-Soy feliz, me siento bien de estar junto a ti nuevamente
--Yo tambien amor--Ven, decubramos mi nuevo mundo ahora
--¿Nuevo mundo?
-¡Si, yo ahora soy un Gul!-
No comprendia nada, jamas habia oido hablar sobre los gul.
-Estoy muerto, es cierto, pero he renacido, gracias a la carne de cadaveres recien enterrados, cadaveres que jamas a levantarse de sus tumbas, asi como lo hice yo-

La luna brillaba y pude ver salir de verdaderas madrigueras, a seres horribles, espantosos, que desenterraban cadaveres recien enterrados.Vi como los destrozaban de un zarpazo.Parecian verdaderas bestias, hambrientas, luchando por un pedazo de carne, de viscera, del infortunado cadaver.Vi aterrorizada, ante mis propios ojos, como tu adorado amor, sacaba una lengua espantosa, larga y filuda, que parecia una verdadera cuchilla y la enterrabas en el pecho de una joven muerta.-¡Ah, el corazon es lo mas delicioso!-Luego le succionaste el craneo.Tus labios estaban ensangrentados por completo, parecias un animal salvaje.Me miraste fijamente, tus ojos tenian un brillo especial.Senti horror, miedo y ya no recuerdo mas...

Temprano en la mañana, abri mis ojos.Me encontraba en la blanca habitacion de un Hospital.Mi madre dormitaba en una silla, cerca de mi cama.Me explico que me habian encontrado desmayada en las afueras del cementerio.Todos coincidieron en que era una crisis nerviosa, producto de tu deceso.Posteriormente, una vez recuperada, visite al Dr. Brent.Me dijo que habia tenido mucha suerte de salir con vida, despues de mi encuentro con los Gul.Me dijo tambien que no repitiera la experiencia, pues tal ves ahora seria fatal.Me explico que eran los Guls.Cadaveres carroneros, que se alimentan de cadaveres, mejor aun si estan recien enterrados.
Me dijo que los seres mas impuros, al morirse se convertian en gul.
-Es una gran agonia para ellos, pelear cada noche por un pedazo de carne en descomposicion-

Medito un instante y continuo:-Su novio debio amarla mucho, Ud. estuvo en estado de coma cuando fue encontrada en el cementerio, solo en el hospital recupero sus signos vitales--¿Estuve muerta?--Clinicamente, ¡si!--¿Ud. piensa que el me salvo?--Digame, ¿que podria ser mas apetitoso para un gul, que un cadaver que acaba de fallecer, sin siquiera ser enterrado?Sangre caliente, organos intactos, frescos, sin esperar el tiempo del velorio y las sustancias que se inyectan para evitar la descomposicion.Mi querida Srta., Ud. ha sido realmente afortunada-

Sali de la casa del Dr. Brent, temblando, aturdida.Meditando lo sucedido.El Dr. Brent, tenia razon, yo seria un verdadero festin para un gul.Pero tu me liberaste, me salvaste, me devolviste al mundo de los vivos.Pero ya debo dejar de pensar en ti, en tu nueva forma de vivir.¿Pero por que recibiste aquel macabro castigo, que hiciste para que te convirtieran en un gul'?Fuiste tan bueno conmigo, incluso como gul .M gustaría verte una vez mas, conocerte realmente, saber que me ocultabas.
Pero se que eso es imposible.Todo esto es tan extraño amor.Mi extraño, extraño amor...

(Moni).

El Tren que no llegaba


Estaba sentado en un banco de la estación de trenes; en ese momento, su mirada estaba perdida en un punto inexistente del horizonte.
Era un hombre joven, pero su semblante denotaba la dura vida que le había tocado en suerte.
Era el único ocupante del andén. Un empleado de la boletería era la segunda forma humana que se encontraba allí – pero se hallaba dentro de su cabina, aislado de aquel joven.

El hombre se miró las manos, estaban ajadas, deterioradas como las manos de cualquier trabajador manual; se acomodó el botón de la camisa (que aunque se notaba vieja, estaba muy limpia) y carraspeó como para aclarar la voz.
Cualquiera que lo viese pensaría que era un ser insignificante, que no llamaba la atención; quizás fuese así…pero sólo él sabía el por qué de su importancia en ese lugar.
Nada podía sacarlo de sus pensamientos; inclusive la mujer que llegó con esa niñita gritona que lo miraba desafiante. Apenas levantó la mirada para verlas discutir entre ellas y luego volvió a sumergirse en sus propias ideas.
El estaba en su propio mundo…esperando ese tren que no llegaba…
Aunque tuviese que esperar años por esos vagones lo haría; la espera no importaba; sólo deseaba verla por última vez; era su único deseo.
Quizás ella no lo reconociese ¡Tanto tiempo había pasado!. Además nunca lo había visto de traje, pero estaba seguro que aunque el traje fuese pobre (y usado) , ella sentiría orgullo al verlo vestido así.
¡Tantas cosas tenía para decirle que las memorizaba en voz alta por miedo a olvidarlas!
Estaba muy nervioso; sentía sus manos transpiradas, llevaba más de tres horas de espera y el tren no aparecía en el horizonte.
Pensó que ella no podía defraudarlo. Era verdad que se había molestado cuando él decidió dejarla para ir en busca de un futuro mejor para los dos, pero finalmente había logrado reunir una pequeña fortuna con la cual había adquirido su propia casa…¡Ella debería estar feliz por ello!.
Su impaciencia iba en aumento; la mosca que se apoyó en su rostro fue la víctima de sus nervios al estallar su cuerpo en un manotazo brusco y veloz.
Sintió un ruido extraño pero esperado…parecía ser el tren que se acercaba; ese tren que parecía no llegar jamás, finalmente aparecía ente sus ojos.
Se paró de su asiento como si tuviese un resorte dentro y con pasos bruscos y largos se acercó a la orilla del andén.

Cuando vio al guarda que se asomaba de uno de los vagones de pasajeros, corrió a su encuentro. Jadeando llegó a él.

--¿Señor Pérez? –preguntó el guarda.
--Sí, sí, soy yo, soy Pérez…--respondió apurado-- ¿vino ella? ¿llegó?...
--Sí señor, ya llegó. Está en el último vagón de carga.


El joven corrió con toda la velocidad que sus piernas pudieron darle; llegó en el momento en que dos empleados descorrían la compuerta del vagón. Ella quedó al descubierto; finalmente pudo verla.


Allí estaba: el cajón que contenía los restos de su madre finalmente llegaba a reunirse con él.


Liliana Varela http://www.lilianavarela.spaces.live.com