miércoles, 20 de febrero de 2008

En mi casa, habia una cueva...lóbrega y oscura...

En la casa donde trascurrio mi niñez y mi juventud, habia una cueva.
En la casa, propidad de mis abuelos, vivian sus tres hijas y sus correspondientes nietos. De la hija mayor, - mi tia- tenia yo cuatro primos. Todos eran mas pequeños que yo. Mi madre, - era la de enmedio en edad-, dio a luz dos niñas y un cabezon. La hija menor,- mi otra tia-, tenia dos varones y un marido militar...pero militar..., militar. En otra vivienda de la misma casa, vivia una señora que tenia un estanco en la plaza mayor. Esta señora, tenia dos hijos y un par de ...para haber tenido a toda la Legion Extranjera. A su marido le decian, cuernos de oro. Era un señor muy bajito y realmente feo.
Bien todo esto viene al caso de mostrar, que en mi casa habia una tropa de niños, que yo era el jefe y que ademas habia una cueva. Con estos ingredientes y si me hubiesen conocido de pequeño, lo de Troya, una mano al mus.
Habia un patio central en la casa; en el centro un enome manzano; las viviendas bajas, daban sus entradas al patio y las viviendas superiores, tenian miradores corridos al mismo.
Un dia mis abuelos, fallecieron; se llevaron poco tiempo...unos meses. Yo los vi a los dos muertos. No me asustaron esas imagenes. Tendria yo..., sobre los ocho añitos. Mi mente empezo a fabular para ver que hacia con todos los ingredientes. Una tarde, despues del colegio, nos juntamos todos los crios en el patio, para tomar la merienda de pan con chocolate y jugar. La cueva, normalmente tenia un candado. Se usaba como frequera para las bebidas y algun alimento solido, tapado con un bol invertido de tela metalica muy fina. Bien, pues esa tarde el candado...¡ estaba abierto!...¡¡¡bien!!!. Armados de papeles de periodicos como antorchas y una caja de cerillas, nos introducimos por la escalera, muy comoda de bajar, pues tenia sus buenos escalones. Al terminar los escalones, habia una parte mas ancha y alli, forme mi ejercito para hacer la exploracion del Averno. Nos fuimos andando por el ramal de la derecha, cuando ya no se veia nada, encendimos las antorchas. Los mas pequeños, comenzaron a llorar; los papeles se fueron terminando. Habia mucho humo; yo, tambien empece a asustarme como un general derrotado. En completa oscuridad, retrocedimos llorando por el humo y por el miedo. Cuando llegamos al fin arriba...¡ que cuadro!... con que afán las madres besaban a sus hijos, ¡ que bofetones se llevo el general...! y por solo haber perdido una batalla. La guerra...continuo por mucho tiempo.
Emilio.

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