jueves, 6 de marzo de 2008

La Señora de la Muerte.


La Señora de los Muertos,
ha salido al escenario
y va enseñando el muestrario
que me parece siniestro
pues de muertos hechos polvos
-que no de los polvos hechos-
quiere tener polvos nuestros.
Apunte usted pa otro lado
- señora de la guadaña-
que a nuestros cuerpos no apañan
ese trio que ha formado
...quedese para mañana.
Emilio.

lunes, 3 de marzo de 2008

El Patio de mi Casa. Doña Adela.

El grito procedia del piso superior. Muy extraño pues la ultima moradora de el, fue Doña Adela; una señora que llego de Argentina en la epoca en la cual, alli llevaba las riendas del poder el general Peron, y que su amadisima esposa, Evita, matase el hambre de los argentinos pobres. Esto al menos, es lo que se hacia llegar al resto del mundo.

Tendria esta señora que cumplir los noventa años, cuando fallecio. En aquella vivienda, vegeto sobre los quince años. El general de esta casa, ya la conocio siendo muy mayor, aunque parecia que los años no pasaban por ella. Realmente, es que ya no tenia nada que deteriorar.

Era una autentica pasita. Un alza en una bota ortopedica, la hacia caminar algo mas derecha, pero por el peso a transportar, arrastraba el pie calzado.

Usaba siempre un velo muy negro que cubria su cabeza, como si se dispusiese a cumplir sus obligaciones religiosas a todas horas, ya que nunca se desprendia de el. Su pelo plateado, se veia a traves del velo y dejaba constancia de una hermosura pasada.

En su juventud, debio de ser muy alta, aun en su encorbado cuerpo, quedaban los cimientos de lo que fue y ya no era. Su acento suave, melodioso, educado y cortes, hacia que le gustase al general su compañia, todo ello, sazonado con los caramelos que amablemente le daba Doña Adela.

Alli, es donde el general, se aficiono a la musica. Tenia la señora un piano. Un piano pequeño, que adosado a una pared del salon, acumulaba multitud de fotografias y un quinque de petroleo para los abundantes cortes de luz de la epoca.

Con el, daba conciertos de audicion obligatoria al resto de los vecinos, una vez con algun tango golpeado o con algun pasodoble arrastrado otras veces.

Cuando empezaba a sonar el piano, la madre del general, enviaba a este a casa de la pianista a pedirle que le enseñara fotografias, y asi se acaba el molesto concierto.

Tenia doña Adela dos aparatos muy curiosos. Uno de ellos, consistia en una especie de anteojos, delante del cual, se ponia una postal dividida en la mitad y con el mismo tema. Se veia una sola y muy ampliada y bonita. El otro aparato, era un tubo que mirando por un extremo, se veian muchas luces de colores que giraban al moverlo.

Seguro que lo que el general veia alli, era Buenos Aires, mas el, no lo supo nunca.

Todos los meses, llegaba el cartero y por correo certificado, la pagaba un dinero, que nunca nadie supo su procencia, aunque el general, si se beneficio de el, a cambio de hacer recados a su ya anciana amiga.

Si misteriosa fue su llegada y su vida, cuando fallecio, todo acabo en un momento. Un hombre que dijo ser su sobrino, retiro el cadaver y en cuestion de horas, la vivienda quedo vacia y dispuesta para recibir a otro inquilino.

Enfrente de la puerta de entrada a la vivienda de la difunta, vivia la estanquera de la Plaza Mayor. Una señora que procedia de Valencia, ella lo decia, y que era la dueña de Neron, padre de la Pelos.

Una noche de fuerte tormenta, solo dos dias habian pasado de la muerte de doña Adela, cuando un grito terrible inundo la casa. Todos los vecinos salieron al patio y vieron a la estanquera que con su dedo indice, señalaba la vivienda de la difunta doña Adela, mientras en un aporreado piano sonaba aquello de : Mi Buenos Aireeees queriiiidooo, cuando yo te vuelva a veeer, no habra mas penas, ni olviiidooooos.

Emilio.

domingo, 2 de marzo de 2008

Lo Anagógico-Liliana Varela



Aquella mañana sus manos sangraban como las llagas de nuestro señor Jesucristo y él era un elegido, una señal en este mundo incrédulo y agnóstico que no quiere siquiera esforzarse en probar la veracidad de la existencia del creador.
Creía como creen los fieles. Como debería de creer el hijo al padre, con idolatría, con adoración.
Así él creía en Dios, en su palabra, en su misticismo, en sus milagros desparramados por doquier en el mundo.
Ella no podía ver en él los misterios revelados del Padre, decía esforzarse pero él no le creía; no podía entender cómo su par, su pareja en esta vida no llegaba a presenciar los milagros de Dios en su persona.
Intentaba explicarle, mostrarle la sangre fluyendo de las marcas del hijo de Dios pero ella decía no ver nada, como si ello fuera posible.
Uno tras otro los estigmas aparecían en su cuerpo, en su entorno y ella seguía sin notar las pruebas que el señor enviaba.
Él comenzó a dudar de su amada ¿acaso estaría poseída por el demonio? ¿ella misma era una prueba más para su inquebrantable fe?
Debía hacer algo Dios así lo esperaba y él no defraudaría al Señor.
La miró dulcemente; ella con algo de temor se entregó a la caricia que los dedos de él hicieron sobre sus ojos mientras le decía que la Biblia era la guía que debían seguir, mientras le recordaba cuánto la amaba.
“Si tus ojos te ofenden, arráncatelos” cita Dios –exclamó.
Luego todo fue oscuridad y gritos.


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