domingo, 15 de junio de 2008

Oscurecia en la alta montaña; los visitantes, se fueron retirando en direccion al albergue. Era un delicioso grupo de gente joven; bullanguera en sus risas y en sus voces, al comentar las cosas acaecidas.

Por detras de ellos, una sombra de gran tamaño, se cruzo por el camino. Fue solo un instante, solo el paso de la Luna, de una nube a otra.

Llegaron al cruce de caminos, y observaron que el indicador de la ruta, estaba caido en el suelo, sin palabras que mostraran la direccion a seguir.

Todos a la vez, daban una ruta segura para llegar al albergue. Cada uno tenia la suya propia y de los cuatro caminos a elegir, salian cientos de ellos.

Decidieron hacerse grupos y avanzar un espacio de tiempo, para despues regresar y contar lo encontrado.

Despues de media hora de experimento, falto un grupo a la cita.

En la lejania, se sintio un grito de terror, que inundo el valle y dejo aterrados al resto de los muchachos. La noche cerrada, hizo acto de presencia solo iluminando el panorama, el claro oscuro de la Luna a traves de las nubes. Una nube revolotosa, en su juego, dejo de caer su carga de agua, dando brillo a las hojas de las plantas.

Alguna niña, ya histerica, comenzo con su propia lluvia de lagrimas.

Nuevamente se vio a la sombra, que se movia entre el monte en direccion a los muchachos.

Avanzaba rapida pero con preacauciones; algo llevaba entre sus negras manos.

Apenas cien metros los separaba; los jovenes en un descuido de la Luna, se percibieron de lo que les llegaba del monte...

Todos a una gritaron,...¡¡¡ nooooooo!!!.

Una caja de Coca Cola y una botella de ron, fue la respuesta, a tan unanime y tan fuerte negacion.

Aprendiendo de Liliana Varela.

Emilio.

miércoles, 4 de junio de 2008

El Sobre

Lo había encontrado en el bar hacia una semana que le había visto muy bien vestido y un semblante muy especial para nada se parecía a ese hombre lleno de vida y que provocaba cierta envidia…

Salí temprano ese día como todos los demás llegue a la esquina del kiosco donde compro mis cigarrillos y las pastillas nada especial a no ser por la extraña mirada de la mujer del kiosco — tome Osvaldo ahí tiene dijo con una voz algo seca, paso su mano huesuda a través de la ventana del habitáculo de golosinas y diarios…

Llegue a la oficina sin contratiempo lo habitual Margarita y la pelea con la niña en practica… no se porque, a lo mejor pensaba Margarita que perdería el puesto… para nada ella es una profesional muy eficiente seria algún problema familiar de seguro y la chica se llevaba toda esa carga de tonterías…

El correo certificado por estos días es raro… por decirlo menos, pero sobre el escritorio estaba un sobre de mediano porte con mi nombre. Debo decir, me sorprendió llame a Margarita y aproveche de beber una taza de café con ella — ¿y esto de que se trata?, no tiene ningún nombre el remitente, no lo se llego esta mañana el importe estaba pagado y solo tuve que firmar, eso fue todo lo que le dije a Margarita después ella y yo bebimos café, café negro el favorito mió, no se si, de Margarita, ni tampoco del viejo Ernesto, que trabajaba medio día con nosotros, la conversación y el café se acabo en las tazas y margarita volvió a su puesto…

Dude un momento, tome el sobre, trate de saber que contenía mirándolo a contra luz, aprovechando el sol que iluminaba toda la oficina, fue imposible saber su contenido, quien lo había enviado sabia perfectamente que posiblemente lo observaría de esa forma, tome corta cartas…

Los entupidos pensamientos, pasaban extraño en mi cabeza, mientras la hoja del corta cartas abría el sobre sin remitente… y mi pensamiento se iban disipando, en el interior habían varias fotos, las mire detenidamente pero no lograba recordarlas…

—Alo ¿eres tú? si como no aquí lo tengo así que tú las enviaste el hombre se notaba feliz mientras el reloj marcaba las dos de la tarde en punto — estaré allí en una media hora iremos a algún lugar hace bastante que no nos vemos dijo con un sesgo de entusiasmo…

Llegue a la puerta de la iglesia como habíamos acordado, por una extraña situación climática el sol iluminador en 10 minutos fue perdiendo su luminosidad y varias nubes grumosas taparon la soleada tarde la gente entraba y salía de la antigua iglesia en ese minuto una carroza fúnebre se introducía por la entrada de vehículos mire despreocupadamente antes que se perdiera de mi vista y vi a quien buscaba conducía la fúnebre carroza de inmediato fui al interior de la iglesia…

Llegue al sombrío pasillo de velatorios varias habitaciones pequeñas donde cabían el féretro y dos bancas a cada lado del ataúd para los parientes más cercanos, solamente dos estaban en esa condición…

Me introduje en el primero de ellos el féretro estaba allí me produjo una sensación extraña mientras las personas que allí se encontraban sufrían, sufrían enormemente los conductores de la carroza no estaban y por la situación que ocurría no me dieron ganas de preguntar en la otra habitación la situación no cambio el chófer de la carroza no estaba regrese a las afueras de la iglesia y no se que me sucedió así que decidí entrar en el interior había bastante gente, me senté en una de las bancas y…

Sabes me dijo mirándome a los ojos y con su semblante aun mas perturbando estaba allí, allí no imaginaba en realidad y bebió algo más de la copa estaba presenciando el funeral del hombre del sobre que me había llegado esa mañana…

sábado, 29 de marzo de 2008

La madre de Sophi.


Una gran puerta de madera de color caoba, posiblemente construida con esa carisima madera, daba paso al gran salón que otrora serviría para el deleite de la danza. Una mesa camilla, un sillón de orejas, varias sillas, un gran reloj de péndulo y pesas, además de un gato negro, componian el paisaje de la antes barroca estancia.
Una cabeza de plateados cabellos, se adivinaba mas que se veía, recostada sobre una oreja del sillón.
De algún lugar impensado, llegaba el sonido del tango Caminito,...¡ desde que se fueeee, triste vivooo yooo, caminito amigooo, yo también me voy,...!.
Se oyó un suspiro de la persona que ocupaba el sillón. En ese momento, el reloj dejo salir su melodía anunciando en su canto, que era el momento de cambiar de día.
El negrisimo gato, se incorporó y se estiró todo lo largo que era, para después, volver a su postura primitiva.
Todo respiraba tranquilidad, todo era serenidad,... ¿ todo ?...
Cuando con paso dudoso y temiendo algo, Sophi, se acerco al sillón a dar su beso de buenas noches a su madre..., ¡ que horror...!, fue su unica expresión, antes de caer muerta al suelo.

Emilio.

lunes, 17 de marzo de 2008

Volver atrás- Rosa Espinosa


Las escaleras conforme subía, hacían denotar la poca preocupación por la limpieza de esa pequeña casa, las cortinas sucias, el baño mal oliente y el olor a encierro generaban en el ambiente un hedor insufrible, era tarde y las pocas pertenencias reflejaban pobreza.
Los gatos al notar su presencia corrieron a refugiarse.

.- Hay alguien en casa?.- preguntó con casi un murmullo, sin recibir respuesta.

Lentamente, un poco vacilante, el hombre daba cada paso como si temiera despertar a alguien…, de pronto se encontró frente a una puerta arañada, golpeando bajo, nuevamente sin respuesta, su seño se frunció en una interrogante.

- qué le habrá pasado?.-, se preguntó.

Abrió la puerta y se encontró con una anciana durmiendo placidamente en una pequeña cama, era su madre a quien no veía hace algunas semanas, se acercó he intentó despertarla de su sueño, pero a los pocos instantes notó con horror que no respondía, yacía muerta, la sacudió con fuerzas y un gato salió de entre las ropas con el hocico ensangrentado, al destaparla miró algo que jamás se esperó, el maldito gato le había comido la mitad de la mano, comenzó a llorar, .- porqué!!!??.- gritaba y lloraba, ya era tarde…

No podía entender el tiempo que dejó pasar antes de visitarla, las reuniones, las invitaciones, las mujeres, los amigos, todo fue una justificación para no verla, pero era tan simple, ahora la veía ahí, inerte, tan frágil, tan abandonada, tan sola, solo con la compañía de sus gatos, esos malditos gatos, vieja, sin vida y sin una palabra de perdón por su culpable descuido, ya era tarde, para llorar…demasiado tarde…

lunes, 10 de marzo de 2008

Las brujas van de marcha.


Ingredientes: Aguardiente, azúcar blanco fino, cortezas de limón y algunos granos de café
Preparación: En un recipiente de barro cocido de vierte el aguardiente y el azúcar, en la proporción de 120 gramos por cada litro de líquido. Se añaden mondaduras de limón y los granos de café. Se remueve y se le planta fuego, con un cazo en el que previamente habremos colocado un poco de azúcar con aguardiente. Muy despacio, se acerca al recipiente hasta que el fuego pase de uno a otro. Se remueve hasta que el azúcar se consuma. En el mismo cazo se echa un poco de azúcar, esta vez seco, y colocándolo sobre la queimada se mueve hasta convertirlo en almíbar, que se vierte sobre las llamas y, removiéndolo, esperamos a que las llamas tengan un color azulado.
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Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas. Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras. Pobres canhotas furadas, fogar dos vermes e alimanhas. Lume das Santas Companhas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios. Oubeo do can, pregon da morte, foucinho do satiro e pe do coello. Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello. Averno de Satan e Belcebu, lume dos cadavres ardentes, corpos mutilados dos indecentes, peidos dos infernales cus, muxido da mar embravescida. Barriga inutil da muller solteira, falar dos gatos que andan a xaneira, guedella porra da cabra mal parida. Con este fol levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno, e fuxiran as bruxas acabalo das sas escobas, indose bañar na praia das areas gordas. ¡Oide, oide! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse no agoardente, quedando asi purificadas. E cando este brebaxe baixe polas nosas gorxas, quedaremos libres dos males da nosa ialma e de todo embruxamento. Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada: si e verdade que tendes mais poder que a humana xente, eiqui e agora, facede cos espritos dos amigos que estan fora, participen con nos desta queimada.

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Buhos, lechuzas, sapos y brujas. Demonios maléficos y diablos, espíritus de las nevadas vegas. Cuervos, salamandras y meigas, hechizos de las curanderas. Podridas cañas agujereadas, hogar de gusanos y de alimañas. Fuego de las almas en pena, mal de ojo, negros hechizos, olor de los muertos, truenos y rayos. Ladrido del perro, anuncio de la muerte; hocico del sátiro y pie del conejo. Pecadora lengua de la mala mujer casada con un hombre viejo. Infierno de Satán y Belcebú, fuego de los cadáveres en llamas, cuerpos mutilados de los indecentes, pedos de los infernales culos, mugido de la mar embravecida. Vientre inútil de la mujer soltera, maullar de los gatos en celo, pelo malo y sucio de la cabra mal parida. Con este cazo levantaré las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, y huirán las brujas a caballo de sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas. ¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden dejar de quemarse en el aguardiente quedando así purificadas. Y cuando este brebaje baje por nuestras gargantas, quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento. Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, a vosotros hago esta llamada: si es verdad que tenéis más poder que la humana gente, aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera, participen con nosotros de esta queimada.

jueves, 6 de marzo de 2008

La Señora de la Muerte.


La Señora de los Muertos,
ha salido al escenario
y va enseñando el muestrario
que me parece siniestro
pues de muertos hechos polvos
-que no de los polvos hechos-
quiere tener polvos nuestros.
Apunte usted pa otro lado
- señora de la guadaña-
que a nuestros cuerpos no apañan
ese trio que ha formado
...quedese para mañana.
Emilio.

lunes, 3 de marzo de 2008

El Patio de mi Casa. Doña Adela.

El grito procedia del piso superior. Muy extraño pues la ultima moradora de el, fue Doña Adela; una señora que llego de Argentina en la epoca en la cual, alli llevaba las riendas del poder el general Peron, y que su amadisima esposa, Evita, matase el hambre de los argentinos pobres. Esto al menos, es lo que se hacia llegar al resto del mundo.

Tendria esta señora que cumplir los noventa años, cuando fallecio. En aquella vivienda, vegeto sobre los quince años. El general de esta casa, ya la conocio siendo muy mayor, aunque parecia que los años no pasaban por ella. Realmente, es que ya no tenia nada que deteriorar.

Era una autentica pasita. Un alza en una bota ortopedica, la hacia caminar algo mas derecha, pero por el peso a transportar, arrastraba el pie calzado.

Usaba siempre un velo muy negro que cubria su cabeza, como si se dispusiese a cumplir sus obligaciones religiosas a todas horas, ya que nunca se desprendia de el. Su pelo plateado, se veia a traves del velo y dejaba constancia de una hermosura pasada.

En su juventud, debio de ser muy alta, aun en su encorbado cuerpo, quedaban los cimientos de lo que fue y ya no era. Su acento suave, melodioso, educado y cortes, hacia que le gustase al general su compañia, todo ello, sazonado con los caramelos que amablemente le daba Doña Adela.

Alli, es donde el general, se aficiono a la musica. Tenia la señora un piano. Un piano pequeño, que adosado a una pared del salon, acumulaba multitud de fotografias y un quinque de petroleo para los abundantes cortes de luz de la epoca.

Con el, daba conciertos de audicion obligatoria al resto de los vecinos, una vez con algun tango golpeado o con algun pasodoble arrastrado otras veces.

Cuando empezaba a sonar el piano, la madre del general, enviaba a este a casa de la pianista a pedirle que le enseñara fotografias, y asi se acaba el molesto concierto.

Tenia doña Adela dos aparatos muy curiosos. Uno de ellos, consistia en una especie de anteojos, delante del cual, se ponia una postal dividida en la mitad y con el mismo tema. Se veia una sola y muy ampliada y bonita. El otro aparato, era un tubo que mirando por un extremo, se veian muchas luces de colores que giraban al moverlo.

Seguro que lo que el general veia alli, era Buenos Aires, mas el, no lo supo nunca.

Todos los meses, llegaba el cartero y por correo certificado, la pagaba un dinero, que nunca nadie supo su procencia, aunque el general, si se beneficio de el, a cambio de hacer recados a su ya anciana amiga.

Si misteriosa fue su llegada y su vida, cuando fallecio, todo acabo en un momento. Un hombre que dijo ser su sobrino, retiro el cadaver y en cuestion de horas, la vivienda quedo vacia y dispuesta para recibir a otro inquilino.

Enfrente de la puerta de entrada a la vivienda de la difunta, vivia la estanquera de la Plaza Mayor. Una señora que procedia de Valencia, ella lo decia, y que era la dueña de Neron, padre de la Pelos.

Una noche de fuerte tormenta, solo dos dias habian pasado de la muerte de doña Adela, cuando un grito terrible inundo la casa. Todos los vecinos salieron al patio y vieron a la estanquera que con su dedo indice, señalaba la vivienda de la difunta doña Adela, mientras en un aporreado piano sonaba aquello de : Mi Buenos Aireeees queriiiidooo, cuando yo te vuelva a veeer, no habra mas penas, ni olviiidooooos.

Emilio.

domingo, 2 de marzo de 2008

Lo Anagógico-Liliana Varela



Aquella mañana sus manos sangraban como las llagas de nuestro señor Jesucristo y él era un elegido, una señal en este mundo incrédulo y agnóstico que no quiere siquiera esforzarse en probar la veracidad de la existencia del creador.
Creía como creen los fieles. Como debería de creer el hijo al padre, con idolatría, con adoración.
Así él creía en Dios, en su palabra, en su misticismo, en sus milagros desparramados por doquier en el mundo.
Ella no podía ver en él los misterios revelados del Padre, decía esforzarse pero él no le creía; no podía entender cómo su par, su pareja en esta vida no llegaba a presenciar los milagros de Dios en su persona.
Intentaba explicarle, mostrarle la sangre fluyendo de las marcas del hijo de Dios pero ella decía no ver nada, como si ello fuera posible.
Uno tras otro los estigmas aparecían en su cuerpo, en su entorno y ella seguía sin notar las pruebas que el señor enviaba.
Él comenzó a dudar de su amada ¿acaso estaría poseída por el demonio? ¿ella misma era una prueba más para su inquebrantable fe?
Debía hacer algo Dios así lo esperaba y él no defraudaría al Señor.
La miró dulcemente; ella con algo de temor se entregó a la caricia que los dedos de él hicieron sobre sus ojos mientras le decía que la Biblia era la guía que debían seguir, mientras le recordaba cuánto la amaba.
“Si tus ojos te ofenden, arráncatelos” cita Dios –exclamó.
Luego todo fue oscuridad y gritos.


http://lilianavarela.blogspot.com

miércoles, 20 de febrero de 2008

El patio y el corral de mi casa.

Al lado izquierdo de la entrada a la cueva, había un pasillo, de unos diez metros de largo y un metro de ancho. Estaba sombreado por una parra de la variedad “teta de vaca”; esa de las uvas gordas y casi moradas.Era este pasillo el elemento de unión de una vivienda interior- la de el Sr. Galo-, y a un gran espacio abierto al sol y al agua que era el corral de la casa. Una puerta de madera con su gatera obligada, evitaba que las gallinas se escapasen al patio o la calle, como alguna vez ocurrió y yo no fui el culpable…creo.El corral, tenia a su alrededor una serie de pequeñas habitaciones, mas bien cuadras; al fondo a la izquierda, estaban el retrete y el basurero, piezas comunes para todos los vecinos. En esa época, no existía la recogida de basuras diarias ni tampoco el alcantarillado que llego cuando el general, dejo sus batallas.En el lado derecho, había un pozo con agua, que se usaba de fresquera,para hacer mas apetecibles las frutas propias del verano.Todos los componentes tenían en sus cuadritas sus propios animales, que sacaban adelante con los restos- pocos- de comida. Las mondas de las patatas mezcladas con salvado o molluelo, eran junto con el Sol y el mucho ejercicio que hacían con nuestras carreras, su mejor alimento.Normalmente el campo de nuestras batallas, era el patio.El gran manzano que presidía su centro, daba sombra en la canícula a mis abuelos y tías que oyendo el Ama Rosa, con alguna lagrima escapada, repasaban calcetines o ponían piezas a una imposible sabana.Después de la siesta, quedaba ocupado el patio por las tropas atacantes llenándolo de parapetos de sillas y de cajas de cartón que mi tío el sastre- que dios guarde-,nos llevaba para estos menesteres.
Un día, ante un aprieto estomacal de todas mis hueste, provocado por tomar unos caramelos raros que a cambio de trapos viejos y recortes de la sastrería, el trapero nos dio, hicimos una larga fila ante el servicio común.El servicio, consistía en una tabla con agujero proporcionado al tamaño del sálvese la parte, con su tapa. Un gancho en la pared, recogía trozos del ABC, que leías días después y por diferente lugar. Lo expulsado, caía al basurero. Las gallinas de antes eran muy apañaditas y no le hacían ascos a nada.. A cambio, te daban unos huevos…eso, de los de antes.Como el servicio era unipersonal y la urgencia grande, la tropa, eso si disciplinadamente, se repartió en el basurero para aliviar sus doloridas tripitas.¿Sabéis lo que ocurre, cuando alguien expone sus partes pudendasa la curiosidad de las gallinas?. Ya lo sabéis.Nuevos llantos; los culitos al rojo vivo, indicaban que habíamos perdido una nueva batalla..Nuevamente el general, tuvo que dar la cara y además, le fue requisada la mercancía, que tanto trabajo costó conseguir.
Pasados unos días, le toco al general ir al pozo a sacar su sandia, tirando de la cuerda que sujetaba su cubo.
Una batalla ganada. La venganza en frió, es mas placentera.Nunca se supo por que se desataron las cuerdas de los cubos restantes, cayendo al pozo.Ese día los vecinos hicieron penitencia sin postre, a favor de los negritos de África que era la letanía de aquellos momentos.Una voz potente, muy potente…la de mi padre:
¡¡Emilioooooo, ven aquí!!!

En mi casa, habia una cueva...lóbrega y oscura...

En la casa donde trascurrio mi niñez y mi juventud, habia una cueva.
En la casa, propidad de mis abuelos, vivian sus tres hijas y sus correspondientes nietos. De la hija mayor, - mi tia- tenia yo cuatro primos. Todos eran mas pequeños que yo. Mi madre, - era la de enmedio en edad-, dio a luz dos niñas y un cabezon. La hija menor,- mi otra tia-, tenia dos varones y un marido militar...pero militar..., militar. En otra vivienda de la misma casa, vivia una señora que tenia un estanco en la plaza mayor. Esta señora, tenia dos hijos y un par de ...para haber tenido a toda la Legion Extranjera. A su marido le decian, cuernos de oro. Era un señor muy bajito y realmente feo.
Bien todo esto viene al caso de mostrar, que en mi casa habia una tropa de niños, que yo era el jefe y que ademas habia una cueva. Con estos ingredientes y si me hubiesen conocido de pequeño, lo de Troya, una mano al mus.
Habia un patio central en la casa; en el centro un enome manzano; las viviendas bajas, daban sus entradas al patio y las viviendas superiores, tenian miradores corridos al mismo.
Un dia mis abuelos, fallecieron; se llevaron poco tiempo...unos meses. Yo los vi a los dos muertos. No me asustaron esas imagenes. Tendria yo..., sobre los ocho añitos. Mi mente empezo a fabular para ver que hacia con todos los ingredientes. Una tarde, despues del colegio, nos juntamos todos los crios en el patio, para tomar la merienda de pan con chocolate y jugar. La cueva, normalmente tenia un candado. Se usaba como frequera para las bebidas y algun alimento solido, tapado con un bol invertido de tela metalica muy fina. Bien, pues esa tarde el candado...¡ estaba abierto!...¡¡¡bien!!!. Armados de papeles de periodicos como antorchas y una caja de cerillas, nos introducimos por la escalera, muy comoda de bajar, pues tenia sus buenos escalones. Al terminar los escalones, habia una parte mas ancha y alli, forme mi ejercito para hacer la exploracion del Averno. Nos fuimos andando por el ramal de la derecha, cuando ya no se veia nada, encendimos las antorchas. Los mas pequeños, comenzaron a llorar; los papeles se fueron terminando. Habia mucho humo; yo, tambien empece a asustarme como un general derrotado. En completa oscuridad, retrocedimos llorando por el humo y por el miedo. Cuando llegamos al fin arriba...¡ que cuadro!... con que afán las madres besaban a sus hijos, ¡ que bofetones se llevo el general...! y por solo haber perdido una batalla. La guerra...continuo por mucho tiempo.
Emilio.

lunes, 28 de enero de 2008

La Mascota- Juan Pardo




Era un animalito peludo y gordinflón, parecía una especie de perro faldero.Tenía cierta mirada de gato tierno, cuando la niñita lo encontró lloriqueando junto al pantano, al otro lado de la línea
férrea, entre los juncos. Tenía unos pocos días de nacido.
Decidió traerlo a casa sin preguntar a nuestros padres. En todo caso, eso era un simple detalle, ya que siempre hacía lo que ella quería. Como era la única hija normal, todo era para ella. Yo y mi estupidez de 13 años, permanecíamos en silencio todo el día, mirando como pasaba la vida desde los rincones de la casa, sin poder hacerme entender; yo sólo emitía gruñidos y más que nada silencios.
Siempre sentí un rechazo sobrenatural por ese animal. En un principio creí que se debía a lo que le ocurrió a mi madre cuando me tenía en su vientre. Según oí de los adultos, fue a visitar a una vecina para que le arreglaran un vestido y al momento de traspasar la reja de entrada al jardín de su casa, un perro negro, que nadie sabe de donde apareció, corrió hacia ella y enterró sus salvajes dientes en su panza de embarazada. Dando un grito se desmayó, mientras entre dos hombres intentaban forzar a la bestia para que soltara a su indefensa presa, intentaron destrozar la mandíbula del infernal animal, pero sólo tuvieron éxito cuando le dieron un certero golpe de martillo en la cabeza. Muchos dicen que soy como soy, porque el perro negro era el mismísimo diablo.
Como dije antes, mi rechazo comenzó el día que llegó a casa, noté que desde los brazos de la niñita, me miraba como reconociéndome, como saludándome. Nadie se percató de eso. Al ver a la niñita saltando de alegría con el animal entre los brazos no pude decir nada, tal vez sólo era otra jugarreta de mi mente. Al fin y al cabo nadie me entiende. Mis padres lo aceptaron de inmediato. Yo retrocedí lentamente hacia la puerta que daba al patio, sintiendo el ardor de su mirada fría persiguiéndome sin descanso.
Nada extraño ocurrió durante el primer mes de su llegada. Como todos los días nos levantábamos temprano, mi padre se iba al trabajo, mientras mi madre y yo llevábamos a la niñita al colegio. Al regreso mi madre preparaba el almuerzo, mientras yo me dedicaba a caminar por el patio, dando vueltas y vueltas alrededor de la mesa de madera, para luego sentarme a la sombra del ciruelo para descansar.
Desde que ese animal llegó a la casa, la niñita poco a poco fue dejando de lado cosas que antes le encantaba hacer, como salir en las tardes a jugar con sus amigas, andar en bicicleta, jugar con muñecas en el antejardín bajo el gomero, y todas las cosas que la mayoría de las niñitas de 7 años gustan de hacer. Sus tareas escolares era lo único que continuaba haciendo con regularidad, sin embargo ya no lo hacía con el mismo entusiasmo. Mis padres, siempre preocupados más que
nada, de este último aspecto de su desarrollo, no pudieron o bien, no quisieron percatarse de los otros cambios. Por mi parte, sentía que no podía involucrarme más en este asunto, de lo que ya lo estaba, al dejar que este animal permaneciera con vida.
Los primeros días lo alimentó con leche en una mamadera. Eso fue hasta que le crecieron los dientes y empezó a romper todos los chupetes, fue en ese período que los ratones comenzaron a disminuir en la casa. Ya no se oían por las noches sus bulliciosas carreras por las vigas del techo. Los pájaros que durante las tardes se instalaban en las ramas del ciruelo a esperar las migas de pan, que mi padre les arrojaba, desaparecieron. Sin embargo, el mayor cambio de todos fue el de la relación existente entre mis Padres y la niñita. A causa del cuidado obsesivo que le prodigaba la niñita a ese animal, de la absoluta atención que le ponía en cada momento del día y de la noche. Llegando su cuidado a límites escalofriantes: Una tarde, cuando este siniestro animal no pudo alcanzar una rama del ciruelo para conseguir comida, ella trepó hacia lo alto y sacó de un nido, un pajarito que aún no podía volar para entregárselo a su macota, esto ocurrió al año de su llegada a la casa. Nadie más vio lo sucedido, sólo yo.
La niña pasaba los días de fiesta, sola, encerrada en su cuarto, mientras todos los niños jugaban en la calle. Lloraba cuando tenía que salir con nosotros y su mascota debía quedarse en casa. Intenté muchas veces hablar con ella de este tema pero como dije antes, soy el idiotade la familia y nadie me entiende, siempre recibía como respuestasilencio y frías miradas del animal entre sus brazos, entonces retrocedía y me alejaba corriendo para encerrarme en mi habitación. La
última vez que ocurrió esto, intenté contarle a mis padres lo que pensaba sobre la niñita y su mascota, pero ellos sólo me miraron y continuaron discutiendo entre ellos, que si él no se hubiera opuesto a bautizarla, que si no fuera por los genes de ella y su abuela demente, que si todo lo que vivieron conmigo para acostumbrarse al castigo de tener un hijo idiota, que no tendrían fuerzas para pasar por lo mismo con su pequeñita; en fin, me di cuenta que mis padres nunca entenderían lo que yo sentía, entonces dejé que todo siguiera su curso hasta donde el vaso aguantara.
Y así pasaron los años. La niñita no era ni la sombra de lo que había sido en su infancia. Siete años habían pasado mis padres visitando a un especialista y a otro y siempre terminaban en lo mismo, la niñita dando una luz de esperanza y recayendo una vez más en las oscuridades
de sus silencios y sus acciones desconcertantes.
Yo, seguía el desarrollo de los acontecimientos como un temeroso espectador, poniendo más atención al comportamiento de la mascota de la niñita que a ella misma.
Trece días antes de que todo llegara a su fin, observé que la bestia, como todas las noches, abandonaba a la niñita y se paseaba por lacasa. Podía ver por el umbral de mi puerta, su sombra cruzando por el pasillo, moviéndose en dirección a la habitación de mis padres, sin embargo ahora se detenía siempre unos segundos frente a mi puerta.
Durante la sexta, noche el animal desapareció de nuestra casa. Yo temía su regreso.
La niñita al día siguiente cayó enferma, con una fiebre cerebral que no la dejaba dormir. Mis Padres se turnaron para cuidarla. Día y noche se oían sus lamentos desde mi habitación.
Amaneció el día final. El doctor visitó a la niñita a primera hora y por última vez. Les informó a mis padres que en cualquier minuto moriría. Mis padres lloraron junto a su cama todo el día. Ese día no comí nada. Nunca me dirigieron la mirada, creo que nunca supieron que yo también estaba ahí. Estaban sentados junto a ella, esperando con la feroz sensación de saber que perderían lo más querido y con la debilidad de no poder hacer nada más que verla partir hacia donde sea que fuera.
Dieron las dos de la madrugada. Mis padres se habían dormido sobre un sillón junto a la cama. Nunca se enteraron que yo los tapé con una frazada. Yo estaba en vigilia junto al lecho de la agónica niña. Sentí un ruido en el pasillo. No desperté a nadie. Salí a mirar. Dejé la puerta entornada, para no perder de vista a la moribunda. Crucé el pasillo en penumbras y llegué a la puerta de la cocina, que era desde donde provino el extraño sonido semejante a una quebrazón de vidrios.
Revisé los rincones. Las ventanas estaban todas cerradas e intactas. No tuve necesidad de encender una sola luz. La luminosidad de la luna llena lo aclaraba todo. Me quedé unos minutos mirando hacia el pálido rostro que aparecía y desaparecía entre las nubes. Su imagen, así como
mis ideas, brotaban frías y atemorizantes.
Sin aún saber en qué momento lo hice, cogí un cuchillo de la cocina. Caminé lentamente hacia la habitación. Escuché un gruñido y un grito de niña, casi en forma simultanea. Corrí y entré sin medir consecuencias. Al encender la luz me encontré con una imagen aterradora: A los pies del sillón donde dormían mis padres, un río de sangre. Brotaba de sus gargantas y avanzaba lentamente hasta mis pies.
Sus carnes estaban abiertas por una línea delgada. Sus bocas semiabiertas, como conteniendo un grito que no alcanzaron a lanzar.
Sus ojos sin párpados, infernalmente abiertos apuntaban hacia la cama de la niñita.
Lo que vi luego fue aún más terrible y hasta hoy, lo revivo cada noche sin poder contárselo a nadie, para liberarme de las pesadillas que me atormenta: La niñita tenía sobre su cabeza a la maldita bestia, su cuello estaba desgarrado. La mitad de su cráneo abierto. De la boca de esa bestia, colgaban trozos del cerebro de la niñita. La sangre le manchaba las garras.
Sin saber en que momento ocurrió, la bestia manchó la hoja de mi cuchilla con su sangre. Al verme parado en medio de este infierno, lanzó un gruñido aterrador y saltó sobre mí, yo retrocedí, alcanzando a cerrar la puerta antes que una de sus garras me alcanzara.
Una vecina que había oído los gritos, llamó a la policía. Yo estaba sentado en un rincón de la cocina, mirando la luna por la ventana, cuando llegaron. Lo primero que hicieron fue arrebatarme el cuchillo ensangrentado de las manos. Luego se dirigieron a la habitación. No
los quise acompañar. Tampoco pude decirles nada. Lo único que pude hacer fue acurrucarme en un rincón, para evitar que el maldito animal lograra alcanzarme, sabiendo que ahora sí, yo estaba completamente solo. Sin embargo, nada ocurrió.
Un oficial cerró la puerta y al voltearse hacia mí, dijo algo respecto a que había encontrado un temeroso gato junto al cuerpo de la niñita. Entonces me tomó del hombro y me obligó a subir al carro policial. El oficial llevaba a la mascota entre sus brazos. Yo, sentado en el asiento de atrás, con las manos esposadas, sólo podía ver a través del espejo retrovisor, los ojos de fuego de esa maldita bestia, que me miraban fijamente, sin descanso. Riéndose de mí, burlándose como siempre, sin que nadie mas que yo lo notara.

Juan Pardo