miércoles, 20 de febrero de 2008

El patio y el corral de mi casa.

Al lado izquierdo de la entrada a la cueva, había un pasillo, de unos diez metros de largo y un metro de ancho. Estaba sombreado por una parra de la variedad “teta de vaca”; esa de las uvas gordas y casi moradas.Era este pasillo el elemento de unión de una vivienda interior- la de el Sr. Galo-, y a un gran espacio abierto al sol y al agua que era el corral de la casa. Una puerta de madera con su gatera obligada, evitaba que las gallinas se escapasen al patio o la calle, como alguna vez ocurrió y yo no fui el culpable…creo.El corral, tenia a su alrededor una serie de pequeñas habitaciones, mas bien cuadras; al fondo a la izquierda, estaban el retrete y el basurero, piezas comunes para todos los vecinos. En esa época, no existía la recogida de basuras diarias ni tampoco el alcantarillado que llego cuando el general, dejo sus batallas.En el lado derecho, había un pozo con agua, que se usaba de fresquera,para hacer mas apetecibles las frutas propias del verano.Todos los componentes tenían en sus cuadritas sus propios animales, que sacaban adelante con los restos- pocos- de comida. Las mondas de las patatas mezcladas con salvado o molluelo, eran junto con el Sol y el mucho ejercicio que hacían con nuestras carreras, su mejor alimento.Normalmente el campo de nuestras batallas, era el patio.El gran manzano que presidía su centro, daba sombra en la canícula a mis abuelos y tías que oyendo el Ama Rosa, con alguna lagrima escapada, repasaban calcetines o ponían piezas a una imposible sabana.Después de la siesta, quedaba ocupado el patio por las tropas atacantes llenándolo de parapetos de sillas y de cajas de cartón que mi tío el sastre- que dios guarde-,nos llevaba para estos menesteres.
Un día, ante un aprieto estomacal de todas mis hueste, provocado por tomar unos caramelos raros que a cambio de trapos viejos y recortes de la sastrería, el trapero nos dio, hicimos una larga fila ante el servicio común.El servicio, consistía en una tabla con agujero proporcionado al tamaño del sálvese la parte, con su tapa. Un gancho en la pared, recogía trozos del ABC, que leías días después y por diferente lugar. Lo expulsado, caía al basurero. Las gallinas de antes eran muy apañaditas y no le hacían ascos a nada.. A cambio, te daban unos huevos…eso, de los de antes.Como el servicio era unipersonal y la urgencia grande, la tropa, eso si disciplinadamente, se repartió en el basurero para aliviar sus doloridas tripitas.¿Sabéis lo que ocurre, cuando alguien expone sus partes pudendasa la curiosidad de las gallinas?. Ya lo sabéis.Nuevos llantos; los culitos al rojo vivo, indicaban que habíamos perdido una nueva batalla..Nuevamente el general, tuvo que dar la cara y además, le fue requisada la mercancía, que tanto trabajo costó conseguir.
Pasados unos días, le toco al general ir al pozo a sacar su sandia, tirando de la cuerda que sujetaba su cubo.
Una batalla ganada. La venganza en frió, es mas placentera.Nunca se supo por que se desataron las cuerdas de los cubos restantes, cayendo al pozo.Ese día los vecinos hicieron penitencia sin postre, a favor de los negritos de África que era la letanía de aquellos momentos.Una voz potente, muy potente…la de mi padre:
¡¡Emilioooooo, ven aquí!!!

En mi casa, habia una cueva...lóbrega y oscura...

En la casa donde trascurrio mi niñez y mi juventud, habia una cueva.
En la casa, propidad de mis abuelos, vivian sus tres hijas y sus correspondientes nietos. De la hija mayor, - mi tia- tenia yo cuatro primos. Todos eran mas pequeños que yo. Mi madre, - era la de enmedio en edad-, dio a luz dos niñas y un cabezon. La hija menor,- mi otra tia-, tenia dos varones y un marido militar...pero militar..., militar. En otra vivienda de la misma casa, vivia una señora que tenia un estanco en la plaza mayor. Esta señora, tenia dos hijos y un par de ...para haber tenido a toda la Legion Extranjera. A su marido le decian, cuernos de oro. Era un señor muy bajito y realmente feo.
Bien todo esto viene al caso de mostrar, que en mi casa habia una tropa de niños, que yo era el jefe y que ademas habia una cueva. Con estos ingredientes y si me hubiesen conocido de pequeño, lo de Troya, una mano al mus.
Habia un patio central en la casa; en el centro un enome manzano; las viviendas bajas, daban sus entradas al patio y las viviendas superiores, tenian miradores corridos al mismo.
Un dia mis abuelos, fallecieron; se llevaron poco tiempo...unos meses. Yo los vi a los dos muertos. No me asustaron esas imagenes. Tendria yo..., sobre los ocho añitos. Mi mente empezo a fabular para ver que hacia con todos los ingredientes. Una tarde, despues del colegio, nos juntamos todos los crios en el patio, para tomar la merienda de pan con chocolate y jugar. La cueva, normalmente tenia un candado. Se usaba como frequera para las bebidas y algun alimento solido, tapado con un bol invertido de tela metalica muy fina. Bien, pues esa tarde el candado...¡ estaba abierto!...¡¡¡bien!!!. Armados de papeles de periodicos como antorchas y una caja de cerillas, nos introducimos por la escalera, muy comoda de bajar, pues tenia sus buenos escalones. Al terminar los escalones, habia una parte mas ancha y alli, forme mi ejercito para hacer la exploracion del Averno. Nos fuimos andando por el ramal de la derecha, cuando ya no se veia nada, encendimos las antorchas. Los mas pequeños, comenzaron a llorar; los papeles se fueron terminando. Habia mucho humo; yo, tambien empece a asustarme como un general derrotado. En completa oscuridad, retrocedimos llorando por el humo y por el miedo. Cuando llegamos al fin arriba...¡ que cuadro!... con que afán las madres besaban a sus hijos, ¡ que bofetones se llevo el general...! y por solo haber perdido una batalla. La guerra...continuo por mucho tiempo.
Emilio.