martes, 20 de noviembre de 2007

En La Habitacion


Se preguntaban, se miraban .El se enfermaba se notaba parecia un papel sus ojos perdidos en sus orbitas sin decir nada sin decir nada , todos se preguntaban la causa de su dolor .yo se lo cauce, no fui yo, yo fui, no digas eso pude ser yo esta mañana.ordenemos las culpas y veremos si sana. todos salieron culpable y el dolor era màs que su cuerpo balbuceo unas palabras y se durmio...

lunes, 5 de noviembre de 2007

Un par de litros màs se nos va el paciente

Cerca de la realidad

estuve tan cerca de la realidad,
y no estabas junto a mi.
cada cráneo servia de peldaño,
cada cuerpo inútil parecía una sombra,
estuve en la realidad.
no se, si, era la muerte.
el desfallecimiento de todo,
por todos en un vendaval de hiel.
no se donde estuve y tu no estabas.
ve vi la ultima gota de sangre.
y mi cuerpo perenne se quedo en tu mirada,
la única que estaba cerca de mi labios.
no supe nacer, no supe.
bajo hilos de placer pagano.
se rompió mi letra de amanecer.
no supe si es, ahora o ayer, no supe.
inútil destrozo los desfiladeros.
guardo ese abismos en mi piel.
y las nubes brotan.
como mañanas;
en un sortilegio de corrientes
que se desfiguran en el mar.
en los ríos de tierra,
en los peces.
que como ayer se van, se van...

viernes, 2 de noviembre de 2007

¿Donde? estas Liliana


¿Dónde?, dime ¿Dónde?

Sonámbulo sangrante,

En millones de habitaciones,

En decenios de casilleros,

Donde su vida le ha llevado…

Perdido en los confines de su pensamiento.

Truncado.

Una y otra vez,

Amputado en su esencia

Llevando esta cruz de verdad absoluta y cristiana.

Vagas en atmósfera de inquietud.

De esta cadena de vida.

Que pesa en tus pupilas.

Sin descanso.

¿Dónde están las claves milagrosas?;

Que te lleven a pedestales quietos de

Tu espíritu luchador.

¿Donde están?;

Más allá de unos consejos de interés;

Que solamente como muchas veces;

Te hacen perder tu propio equilibrio;

Llevándote a los más profundo de los abismos;

Aun más dolorosos que esta propia soledad.

Dime ¿Dónde? hacia donde debo encaminar mis pasos perdidos

En estos inmenso laberintos del saber.

Una luz una miserable luz.

Que alumbre esta desolación.

Se quema mi carne y mi desesperación.

Que no espera en las vitrinas de algún almacén.

Desde hace varios años cargo mi cruz encadenada;

Desde hace varios años sentí;

Que mi vida y la vida;

Era difícil y una guerra táctica

Entre risas pervertidas

Que siempre existen…

Que me hace caer más abajo del infierno

No existe voluntad mutua en este maldito mundo…

Debo arrastra mi pobreza…

Mirando los estantes.

Sin alcanzar un mendrugo pan.

Para seguir encadenado a esta,

Inútil desesperación…

Sentir risas burlonas tan inútil;

Como la propia existencia;

Desde el alba hasta el atardecer.

Donde luz de madrugada,

Encaminar esta angustia;

Que arde en mi alma.

Ni el amor en su dulce melodía

Remedia mi inquietud

¿Donde ir? Donde

Que puerta tocar

En esta desesperanza

martes, 30 de octubre de 2007

Vamos a ponerle unos Litros de Sangre

Sangre en el Sofá

La sangre bajo por los espejos.

La mirada era un vendaval de odio.

Y la mente daba los últimos alientos;

A una vida desdentada en su cauce.

Morir, morir, morir.

Fueron sus palabras, últimas,

Detrás de esa transparencia.

Solo existía nada.

Su alma sus sueños…

Quedaron como un vestigio,

Un vestigio, insensato, sensato…

Solo su sueño le pregunto.

Una mañana por la libertad…

Y nunca mas había sido libre.

La vida la trasmuto desde gusano a la mariposa

Desde la mariposa al gusano.

En un grano de tiempo.

Y yacía sin vida… Real,

Dolores en ese cuerpo doliente,

Sin existencia no estaban.

La certera muerte,

Inesperada, vacío en sus pupilas,

Muerte, muerte.

Engrandeciendo,

El minúsculo espacio de la vida;

Y su tiempo…

P.D: palabras que representan concepto nacen guerras, la libertad y el amor palabras, malos entendidos, risas jocosas, palabras que acarician y suelen perfumar las primaveras

viernes, 12 de octubre de 2007

Espero Ganarme un Mate Gaucho en Una Rifa


Plumajes en un Espejo

Tía Águeda dormía muy plácidamente en su mecedora; hacía más de diez minutos que había regresado de casa del alfarero del pueblo. Él me había contado un extraño sueño que le sucedió la noche anterior, en un vaso que estaba sobre una silla habían algunas sombras haciendo un extraño ritual, en el fondo de la habitación estaba ese antiguo espejo donde las sombras se podían ver más nítidas, eran varias personas que intercambiaban los vasos de metal, en su interior habían pequeños insectos que se transformaban en una especie de ave con plumas multicolores y salían traspasando las ventanas que se encontraban completamente cerradas, sus vuelos eran circulares sobre el pozo de la casa donde desaparecían con el viento de la noche, tomé mis gafas dejando a tía Águeda. La noche estaba bastante estrellada, los luceros parecían enormes botones carmesí, caminé por la única avenida del pueblo hasta el bar, cuando estuve en su interior pedí un cerveza. Mis amigos debían llegar esa misma noche desde la mina donde trabajaban. Fulgencio, el dueño del bar, estaba revisando algunos papeles; ¾ ¿Cómo ha estado Rodrigo?, hace tiempo que no le veía dijo, le saludé de manos y tomé la botella sentándome en la mesa que estaba junto a la ventana. Desde allí podía ver la larga avenida junto a los sauces que estaban a la entrada del pueblo, la calle estaba desolada; serví un poco de cerveza bebiendo un par de sorbos; en ese instante se vino a mi mente una percepción, podía ver la silueta de un hombre quien cargaba en sus espaldas un montón de leña seca, a medida que se acercó donde estaba pude ver que su cabeza tenía una forma poliédrica y en cada lado se veían rostros de personas con sus nombres que había visto en el obituario, de inmediato se apoderó de mi una desconocida sensación que calaba mis huesos, el hombre al pasar por mi lado dejó escapar un rostro de su cabeza que se posó en mí, en se momento sentí una sensación extraña que hizo que soltara el vaso, Fulgencio dejó los papeles y se acercó; ¾ ¿Estás bien? ¿Te sucede algo? no, dije sacando algunas monedas con que pagué la cerveza y salí del bar sin saber donde iba, después de varias horas de caminar sin rumbo aparente; llegué a una enorme casona; nunca antes la había visto en el pueblo, estaba poblada de flores y antiguos árboles atávicos que se encaramaban por sus muros, se mecían sobre una blanca nube, tomé el sendero llegando hasta la puerta principal que estaba adornada con dos manos de metal, le di varios toques sin que nadie contestara, a un costado de la puerta había un pequeño masetero y en su interior había una llave que colgaba de uno de los ganchos de la planta, la tomé y abrí la puerta de par en par; en su interior había un lujoso comedor servido con deliciosos manjares, más al fondo se podía ver una escalera de caracol que se empinaba hasta las habitaciones. ¾ Es usted señor, dijo una voz que salía desde una de las habitaciones de la planta baja, ¿quién es?, pregunté un tanto intranquilo; la puerta se abrió, apareciendo un mozo con una bandeja con un vaso servido, tome señor su aperitivo, lo estábamos esperando, los invitados deben estar por llegar, ¿está seguro de lo que dice?, pregunté al hombre que continuaba con varias cortesías, ¾ de qué habla usted señor, nada, dije mientras el mozo me indicó las escaleras, subí sin preguntar nada, ¾ su baño está esperando, subiré enseguida para ayudarle, dijo en forma muy cortés el mozo, desapareciendo por la puerta por donde había venido, subí los escalones, cada habitación estaba enumerada y aparecían unas iniciales en cada una, entré en la que tenía mis iniciales R.V, en su interior existía un precioso baño todo de mármol muy bien estilizado, en uno de sus colgadores estaba una inmensa toalla también con mis iniciales, corté el agua de la tina, después saqué mis zapatos y mi ropa, todo parecía bastante real, cuando estuve dentro del agua apareció nuevamente el mozo, esta vez traía en una bandeja varios frascos y esencias aromáticas, cuando hubo vertido las aguas se levantó una suave espuma, el mozo insistió en ayudarme pero me negué, después se retiró sin decir nada, el agua estaba bastante agradable, no supe en que momento los músculos de mi cuerpo se fueron poniendo rígidos y un extraño dolor un tanto placentero se fue produciendo en mis articulaciones, hasta ese momento no podía darme cuenta, cuando desperté estaba con varias agujas en mis brazos y una mascarilla conectada a un respirador artificial, parpadié unos instantes para tratar de recordar, después intenté moverme, era imposible, mientras por el corredor se escuchaba la voz del alto parlante que pedía el nombre de un médico para el pabellón de cirugía, cuando pude verme en el estado en que me encontraba comencé a sentir una enorme desesperación, gritaba pero de mi boca no escapaba ni un solo grito, luego de un rato llegó una enfermera quien traía una bandeja con comida, ella hablaba respecto a mi enfermedad pero no entendía nada, luego de eso se sentó cerca mío y me dio de comer, mi lengua no lograba dar con el sabor y la comida extrañamente se caía de mi boca, ella volvía con otra cucharada pero era exactamente lo mismo, en ese momento noté que ella no se daba cuenta que ésta caía de mi boca, después de darme la última cucharada se retiró sin decir nada, traté de incorporarme, estuve en eso varias horas hasta que logré sentarme, las gotas caían muy despacio de las bolsas, encima del velador había un montón de revistas de tapas amarillas, al parecer muy antiguas y un periódico del día, moví despacio mi mano y lo tomé, la fecha era 16 de Agosto de año 76, no lograba entender que pasaba, ayer para mi era 12 de Mayo de 1998, en ese momento entró un hombre con un gran abrigo largo y gafas oscuras, repentinamente pude hablar ¾ que estoy haciendo acá, pregunté mientras el hombre se sentó a mi lado, ¾ es usted quien pienso, dijo el hombre sacándose las gafas, sus ojos no estaban en su sitio, esto me provocó temor, el hombre se levantó y tomó la ficha médica que estaba colgada a los pies, ¾ tu eres Francisco no es cierto, volví a perder la voz pero esta vez fue muy raro, mi boca si se movía pero yo no la estaba manejando ni tampoco podía escuchar que cosa hablaba, luego de un rato el hombre volvió a ponerse las gafas, esto me tranquilizó pero no lograba entender que estaba sucediendo, nuevamente volví a tener el control sobre mi voz pero el sujeto se había evaporizado, lo que hubiera sido me dejó bastante contrariado, cerré un momento los ojos como una forma de descansar, en ese instante pude ver nuevamente al sirviente, la situación era aún bastante más real que lo anterior ¾ Señor, los invitados le están esperando, dijo mientras me cubría el cuerpo con la enorme toalla que llegaba hasta el piso, secó mi pelo con un secador de mano y se marchó sin decir una palabra, luego regresó con un smoking y una diminuta humita de color azul, luego colocó un perfume bastante concentrado detrás de mis orejas y cuello ¾ ahora si señor, le deben estar esperando, aunque de momento toda la situación era extraña y bastante contradictoria, sólo me limité a hacer lo que el sirviente decía, bajé las escaleras y recibí varios aplausos, toda la gente estaba en el salón principal, yo era el único que no cubría mi rostro, todos ellos tenían unas coloridas máscaras, apenas bajé el último escalón la música se hizo sonar al otro lado del comedor, todos y yo incluido nos tomamos de las manos y comenzamos a dar vueltas por entremedio de la gente, estuvimos en ese baile en zig-zag hasta muy avanzada la noche y parte de la madrugada, cuando la música dejó de sonar y las personas desaparecieron sin yo darme cuenta, cuando quedó el salón completamente vacío me senté en uno de los sillones que estaba junto a los enormes ventanales de la habitación, miré la enorme nube en que estaba incrustada la casona y a lo lejos se podían ver los primeros rayos de sol de la mañana, al volver la vista hacia la habitación ésta había desaparecido y sólo estaba el largo corredor donde estaba el espejo, donde se podían ver a los hombres haciendo ese extraño ritual, donde los insectos se convertían en aves de bellos plumajes que se elevaban sobre sus cabezas y se movían en distintas direcciones atravesando las sombras que estaban de espalda al antiguo espejo del corredor. ¾ Muchacho te sucede algo, dijo tía Águeda meciéndose risueñamente en su mecedora.




* 3/4 = guion largo




Nota: este relato pertenece a una publicacion hecha en 2005 de mi autoria, quisiera agradecer a Cristian Romero su correción y machucones varios y esa pizza con anchoas y el whisky de 14 años la publicación se llama Badajo y otros cuentos, hice 150 ejemplares que los comercialice de mano recorriendo algunas comunas de Santiago. San bernardo, buin casa y conversando con la gente una bella experiencia espero reeditar esta publicacion este año junto con mi primer libro estoy trabajando tan duro como antes, a veces cuando nos sentamos a escribir pensamos o creemos que estamos solos pero en realidad estamos conectados con todo los demas, un abrazo para ti Liliana por darme el espacio para mostrar a tus lectores mi trabajo que llevo haciendo hace ya 15 años y que cada vez parece que tuviera menos edad la escritura es un verdadero oasis en esta sociedad de consumo espero estar haciendo lo bien gracias infinitas para ti liliana y tu trabajo saludos Gonzalo el rumbero y amante de las cosas simples.

lunes, 8 de octubre de 2007

Para Relajarnos un Mate

Pregunto
Dormí esa tarde pero me sentía extraño, al parecer, mi sueño esa tarde me llevo otro lugar, dijo el muchacho sentado en el diván. El psicólogo anoto algunas frases y pregunto. ¿Pero que o quien lo seguía? —no lo se, a la mañana siguiente fui a la ferretería, compre algunas baldosas y papel de muro. Trabaje varias semanas, remodele toda la habitación y ese hombre, el pianista de manos esqueléticas, de ojos brillantes y rojos. No me miro más. El psicólogo movió su ceja derecha, así que eso seria, pensó y un extraño dibujo hizo sobre el papel, pero de hecho ese dibujo estaba influenciado, por algo, por alguien. Después de eso anoto algo en el taco que estaba en su escritorio y se lo entrego. El hombre continuo hablando —tome un cada 8 hors y nos vemos, el martes en la mañana.

El psicólogo se veía cansado, llevaba tres meses en la consulta, tratando de solucionar problemas a varias personas ajenas, pero quien arreglaría los suyos sus propias taras y obsesiones.

Llego al departamento mas cansado de lo habitual su hijo de 9 años le pidió dinero, saco un billete de malas ganas y se lo entrego, nunca antes había estado así. Recordó el relato del último paciente de pronto, frente a él, apareció el pianista, tal cual como el hombre se lo había descrito…

Cuando el policía levanto el plástico, donde estaba el cuerpo. Se sorprendió. Era su psicólogo, con quien esa mañana había compartido, una sección más de las ocho que tenia cada semana, en su mano tenia un anillo. Era el usado por el pianista, en ese sueño terrible que lo tenia sin dormir…

Posdata: Liliana no sueñes con el pianista, puedes ser la próxima victima…hulluy

viernes, 5 de octubre de 2007

Esperando un Asado


Licantropía al Atardecer

Abrí el paquete de cigarrillos, la avenida se veía larga, como lo que me faltaba para llegar a casa de Leonora. Suele suceder que siempre me tomo algunos minutos. Nunca es llegar cuando te esperan. Es ser siempre inesperado, como cambiar el dial de la radio, es algo simple y complejo algo complejo y simple. Si esa melodía eso señal que las sensaciones me harán sentir mejor sino, esta es preferible no haber tomado asiento en esta plaza. Los niños tratan en vano de elevar un volantín, mientras una hoja de diario algo arrugada, muestra unas imágenes de Fernando González. Los niños por fin logran elevar el lobo volantín, algunos estudiantes leen algunas tareas. Leonora debe estar preparando el café, que tanto nos gusta ambos… ya no se, que decir y el celular en mi bolsillo, comienza a vibrar las palomas vuelan en circulo, la tarde nos abandona a mi y varios…
Pensé por un momento que ese volantín que los niños elevaban era mió o por lo menos su tirantes lo sentía al tomar los hilos era como volver a esos instantes a esas pasión infantil que tanto de menos echaba mientras el celular me avisaba que su batería se había acabado y la llamada no había quedado registrada como las otras y varias que en mi teléfono ya no estaban…
El hombre había sido mordido por un lobo. Permaneció en banco del parque hasta que la luna apareció en el horizonte, sintieron fuertes gritos esa noche y el hombre sufrió millones de tribulaciones y locura. Nadie lo supo nadie, quizás, si lo supieron pero era indiferente. Cualquier situación ese hombre le había ganado a su indiferencia. A unas cuadras de allí algunas goteras de la llave golpeaban una lata. El sonido era muy tenue casi imperceptible, ese hombre podía oírle. La noche avanzo, los primeros rayos del sol inundaron, nuevamente el parque. Los niños corrían a hurtadillas de un lado para otro. Cuando encontré a ese lobo herido, por un proyectil, no imagine que se trataba de él, nunca imagino, en realidad soy mucho más real que él…

Los policías llegaron con varias horas de atraso al lugar pero lo había presenciado todo ese lobo herido se convirtió en un hombre enfrente de mis ojos ellos lo revisaron lo revisaron hasta encontrar su identificación y otros papeles después durante esa tarde regresaron los niño y su volantín que lo elevaban trabajosamente pero allí estaba otro hombre muy parecido al de la otra noche, noche, noche.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Muerte Confieso


No sé quien eres muerte

Paseabas en mis pies de plena mañana

No sabía quien eras muerte
Te levantabas con el alba
Calzando mis zapatos gastados

No sabía muerte, no sabia
Cubrías tus ojos en mis ojos
Sobre tardes interminables
Sobre risas jocosas

Sobre vendavales y hambre

No sabía muerte

Que mis pies callados te hacían reverencia

Que las miradas ajenas

Te tenían como compañera

No sabia

No sabia

Donde Ríes

En sacaros sobre los ataúdes

En dolor, Dolores no sabía muerte

Que, el llanto, te llora

No sabía muerte

No sabía

*Nota: este trabajo esta incluido en un poemario y retratario que no se en que momento lo publicare en formato papel o es posible que este trabajo quede en formato digital al menos esta en el video…un afectuoso saludo oscuro y tétrico desde el otro lado de la cordillera Gonzalo Torres O

*Con cariño para Lili Varela

lunes, 10 de septiembre de 2007

Relatos de Locura-Amparo Carranza Vélez


Relatos de locura se suceden a las doce en punto.
El ectoplasma deja la caja de sueños y se libera a volar como mariposa de noche, con alas de polvo, detrás de la puerta.
Deshago los tonos oscuros de mis labios, liberando el secreto acerca de quién eres tú.
Mensajero negro de la niebla yel azar.
Quieres devorar mi alma y que seamos dos de lo mismo.
La misma esencia negra, las plumas del cuervo, las mismas coincidencias.
Ahora dices que mi alma es tuya y que podemos jugar por siempre en este carrusel de ilusiones. Podemos ser un reflejo de un espejo perverso.
Amparo Carranza Vélez

domingo, 8 de julio de 2007

Soledad Compañera//Cris Longinotti


La fría soledad se arrastra y trepa
desde mis pies incautos hasta el pecho
y, como si tuviera algún derecho,
transforma mi vergel en una estepa.

La oculto: no me gusta que se sepa
que el monstruo vive en mí y está al acecho;
jamás confesaré que le di techo
por piedad, y aún así gruñe y me increpa.

Por tener compañía, la alimento
con restos de un amor desencontrado,
manjar que la mantiene siempre alerta.

Cuando se acabe al fin el bastimento,
devorará mi corazón helado
y ya no estaré sola, sino muerta.


Cris Longinotti.

Oh Muerte- Manuel Cortés




Acércate a mi lumbral,
oh Muerte tan espantosa,
pues siendo tu cara fea,
tu llegada es tan hermosa,
que miedo a mí no me das...


Una pregunta me hago:
¿Qué es más horrible,
una losa o del mundo su maldad?...


Y es, que siendo distinta cosa,
vida y muerte tan distinta,
la primera te la quita
y la segunda te la da.


Manuel Cortés

lunes, 11 de junio de 2007

SERVICIO MORTAL

Mi muerte era plácida, sin sobresaltos. SK08-mm1 era mi identificación. Mi hueso de identidad provocaba respeto en la Secretaria de Necro Mensajeros. “Asdrubal Vitrubio, asesino serial”, leyeron cuando me presenté al Necro Juzgado en Primera Instancia, al momento de mi fallecimiento.

En el organismo faltaba personal. Guerras, pestes, miles de muertos, espléndida época. Pero el servicio de Anuncio de Fallecimiento era deficitario. La tradición medieval (esqueleto bajo túnica negra, guadaña, “vengo a anunciarte tu muerte”, qué belleza), ya no era posible. Tampoco “bienvenido, estás muerto”, en pleno camino del infierno —lo más probable— cae bien.

Se diseñaron soluciones, algunas efectivas: La Muerte a caballo por los campos en noche tenebrosa: servicio para 10 a 50 personas; aullidos y gemidos en la noche: para más de 100 (no se arma un coro así nomás).

Pero estaban los candidatos a muerte VIP (jerarcas, enamorados, criminales, suicidas) con ceremonia a medida, mensajero a persona; túnica de raso, huesos lustrados, voz cavernosa y ronca, guadaña de acero de Toledo, era un servicio muy difícil de conseguir. Había clientes demorados tres años, muertos de aburrimiento, qué vergüenza. No había tiempo para cursos de capacitación. Por escalafón, ni pensar.

Ahí caí yo. Revisaron mi prontuario: catorce víctimas una por una, anuncio a la medianoche, ejecución al amanecer, no se me escapó ninguno, un arte. Motivo venganza, nada enfermizo. Odiaba a esa gente; niñeras, institutrices, profesores, celadores, novias. Todos habían colaborado en mi fracaso final, en mi humillación. En la noche de bodas tuve que matarla. Pero sólo fue la primera. Todos fueron culpables, todos pagaron.

Algo me falló. “Ahora tú debes pagar”, me dijo alguien, y me mató.

La circunstancia de mi muerte no afectó mi prontuario. Me nombraron Mensajero de la Muerte nivel 1. Hasta modista y maquillador, llevaba. Sin límite de gastos.

Me acuerdo de alguien –un funcionario de un país europeo-. Después de la depresión inicial, pidió como último deseo una cena tipo Maxim. Dormí a todos y vacié el local. Con los registros de decesos de los últimos 30 años me alcanzó para reponer el personal. Hasta había una soprano famosa. Apariencia, vestimenta, recursos no son problema, cualquier autorizado puede hacerlo. Se fue contento, el hombre.

Pero no todo dura en esta muerte. Mi asesino tenía una lista de 15 sentenciados, los 14 primeros iguales a mi lista; el decimoquinto era yo. MI hermano, el menor, era el dueño de esta lista. Se supo al fallecer él, de muerte natural. Ahora se dudaba de mis crímenes, a menos que yo los revalidara, o aportara al menos 16 nuevos, incuestionables crímenes. En ese ministerio no se molestaban en corregir nada. Se adecuaban. Prometieron decidir a la brevedad.

Es medianoche. Una escena horrenda, insoportable: un querubín, con alitas y rulos se me aparece. “Han decidido darte la oportunidad de incrementar tu lista y volver al puesto. Tienes quince años de plazo”, me dijo con terrorífica voz cristalina. Me tomó del brazo y continuó: “Acompáñame”.

—¿Adónde me llevan?¿Por qué tan oscuro? —gemí asustado—. ¡No, por favor! ¡Noo!¡ !Oh! ¡!Por qué me tironean! ¡...! ¡Buaaaá!

—Un robusto varoncito, señora. Tiene mucha voluntad, no sabe con qué fuerza me apretó el dedo. Me lo dejó muerto.

Carlos Adalberto Fernández

http://carlosafernandez.blogspot.com/

viernes, 25 de mayo de 2007

Sepulto tus miedos-Liliana Varela

Soy como un cementerio que la luna aborrece,
donde largos gusanos, como remordimientos,
se encarnizan sin tregua con mis muertos queridos.

Charles Baudelaire




Sepulto hoy tus miedos junto a los míos,
descansarán como esqueletos desconocidos
compartiendo la aventura de la putrefacción eterna.
La fosa los acogerá como una vez lo hicieron mis brazos
pero en ella no habrá calor
ni siquiera compasión.
El suelo los cubrirá con el manto del oscuro silencio
perpetuando la paz tan necesaria e inútil del camposanto.
Dormirán por siempre abrazados al olvido, retorcidos
en hediondo fango mohoso,
mutilados, carcomidos.
Danzarán dantescamente en las tinieblas del fuego
condenados a las sombras,
innombrados, marginados.

Sepulto hoy tus miedos junto a los míos
bajo la llave
con que cierro el corazón.

Liliana Varela.

lunes, 19 de febrero de 2007

Aquelarre


Cuando el sol se va ocultando
y la tarde va cayendo
Cuando reina la oscuridad
y se evapora la luz del cielo...

...ellas llegan a la tierra.
con sus sombrìos rostros
en actitud que aterra
siempre vestidas de negro

Con sus enormes sombreros
sus escobas voladoras
sus lechuzas y sus cuervos.

Algo las trae de muy lejos
Seguiràn una ceremonia
Haràn conjuros secretos
Leeràn la biblia negra
perduraràn en el tiempo

Orgìas descabelladas
las reuniràn junto al fuego
beberàn extraños brevajes
viviràn un delirio extremo

Firmaràn pactos con sangre
para adorar de todas formas
a su temible Àngel negro

¡Son las discipulas del infierno ¡
Las une un mismo propòsito
que se oscurezcan los cielos.

Que reine la locura
el caos y la confusiòn
Dejar los demonios sueltos ¡
Rito ancestral. Rito perverso

¿Sabìas que ellas existen?
¿Que aùn se siguen reuniendo?

¡Ten cuidado! Cùbrete de luz
Convoca a tu àngel bueno
No extravìes tu camino
No entres al reino del miedo.

Quizàs èl te guarde del mal
Te obsequie bueno sueños
Aleje tus pesadillas
Cierre las puertas del averno
.


Ximena Rivas


martes, 23 de enero de 2007

El Taxidermista



Acomodó la cabeza de su última víctima con cuidado.
Esta vez le había tocado el turno a un oriental; un hombre de 50 años aproximadamente, un pobre desgraciado que caminaba por donde no debía, a una hora que no debía.

Le había caído por sorpresa clavándole, con precisión, un puñal repetidas veces entre las costillas, debajo de los pulmones, como para sacarle todo el aire en forma instantánea e impedirle gritar.
Luego con escalofriante pulcritud y rapidez había seccionado la cabeza con la destreza de un hábil cirujano y carnicero a la vez.

Era su octava cabeza embalsamada. La taxidermia la efectuaba con tanta perfección que uno podría decir que la cabeza tenía vida al momento de ser puesta en ese altar; ese altar levantado en honor a su madre, a su querida progenitora, a aquella que siempre se había reído de él, diciéndole que era un alfeñique, un estúpido al cual cualquiera podía ganarle con un soplido.
Junto al retrato de la anciana, muerta hacía dos años, reposaba su cuerpo embalsamado.
El había profanado la tumba de su propia madre una noche luego de morir para perpetuarla, para sentirla cerca de él, para saber que ella estaría viendo que su hijo era valiente y que su profesión no era la de un vulgar cobarde que sólo podía con animalitos muertos. De esta manera ella vería que él era fuerte, era el propio cazador de su orgullosa colección, que hoy cobraba una víctima más.
--Ves Mamá –dijo mientras cerraba la cortina de ese altar sagrado en su habitación de falsa entrada (situado en el coqueto negocio de taxidermia en plena capital metropolitana) – Aquí va uno más…puedes sentirte orgullosa de mí, soy un valiente cazador que no sólo anda con bestias pequeñas e inmundas…ahora ya no te reirás más de mí….¿verdad mami?

El ruido de un cliente en el negocio lo sacó de sus pensamientos; apresuró el paso.
Seguramente era ese policía; hacía rato que andaba tras él. ¿Estaría sospechando de él?
No lo creía, se consideraba demasiado inteligente para dejar pistas…pero también era verdad que ese policía no era ningún tonto.
Le había hecho muchas preguntas…cómo se hacía una incisión tan precisa; cómo se evitaba perder mucha sangre; qué instrumentos serían útiles para seccionar con rapidez y maestría, etc…
La charla con el policía no le había gustado mucho; éste le despertaba demasiadas sospechas: le había dicho que necesitaba diseccionar y embalsamar un pequeño perrito que él y su esposa amaban como a un hijo y le había asegurado que se lo iba a traer más tarde, hecho que él interpretó como un funesto desenlace.

--¡Señor Wrunt! ¡Señor Wrunt! –escuchó sabiendo que quien gritaba su nombre era el policía. Tomó el bisturí más filoso que poseía y giró la cabeza hacia donde reposaba escondido el cuerpo de su progenitora.
--Esta vez estarás más orgullosa, madre…es el turno de un policía –dijo mientras respondía al llamado—Voy sargento Raen…Voy.

La cabeza del policía rodó al caer de las manos de Wrunt en el preciso instante en que los gritos de aquella mujer que cargaba el cadáver de un perro entre sus brazos lo sobresaltaron.

Liliana Varela