sábado, 29 de marzo de 2008

La madre de Sophi.


Una gran puerta de madera de color caoba, posiblemente construida con esa carisima madera, daba paso al gran salón que otrora serviría para el deleite de la danza. Una mesa camilla, un sillón de orejas, varias sillas, un gran reloj de péndulo y pesas, además de un gato negro, componian el paisaje de la antes barroca estancia.
Una cabeza de plateados cabellos, se adivinaba mas que se veía, recostada sobre una oreja del sillón.
De algún lugar impensado, llegaba el sonido del tango Caminito,...¡ desde que se fueeee, triste vivooo yooo, caminito amigooo, yo también me voy,...!.
Se oyó un suspiro de la persona que ocupaba el sillón. En ese momento, el reloj dejo salir su melodía anunciando en su canto, que era el momento de cambiar de día.
El negrisimo gato, se incorporó y se estiró todo lo largo que era, para después, volver a su postura primitiva.
Todo respiraba tranquilidad, todo era serenidad,... ¿ todo ?...
Cuando con paso dudoso y temiendo algo, Sophi, se acerco al sillón a dar su beso de buenas noches a su madre..., ¡ que horror...!, fue su unica expresión, antes de caer muerta al suelo.

Emilio.

6 comentarios:

liliana varela dijo...

Bravo Emilio!!!
Liliana

Ignacio Bermejo dijo...

!Qué magníficamente bien novelado está este texto! Felicidades.

EMMuñoz dijo...

Hace ya un tiempo, que no paso a esta casa de los horrores.
¿Sabes Liliana, que me da miedo?

Acompañame, mientras paso a dar una vuelta.

Gracias.
Emilio.

EMMuñoz dijo...

Gracias por tan buena opinion, señor Bermejo.

Saludos.
Emilio.

Verónica Curutchet dijo...

Muy bueno el cuento. Lo disfruté de principio a fin.

un saludo,
Verónica

EMMuñoz dijo...

Gracias, Veronica.
¿Te has asustado ? no lo creo.

Emilio.